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La juventud cubana le dice adiós a la estética de la Revolución
Tatuajes y piercings. Cuerpos masculinos depilados. En la isla ya no hay grandes diferencias con la moda joven del resto del mundo, salvo el modo en que los chicos se las ingenian para suplir la escasez de ropa y cosméticos.
Pobres pero a la moda. Piercings, tatuajes, pantalones a la cadera, cuerpos masculinos depilados hasta las cejas... Mal que les pese a las primeras generaciones de la Revolución, y les pesa, los cubanos de 15 a 25 años ya no se diferencian de sus congéneres del resto del mundo -incluido el área capitalista- en cuanto a gustos, tendencias y vestimentas. El único rasgo que en este campo distingue a los jóvenes isleños es el modo en que se las ingenian para suplir sus carencias de ropa, cosméticos y aditamentos, sin que el resultado se resienta a ojos vista.
Yendri, William, Julián, Adrián y Giovanni están tomándose un "roncito" en el malecón de La Habana. Son universitarios procedentes de Guantánamo, Bayamo y Camagüey. Tres estudian Periodismo y los otros dos, Psicología. Todos llevan algún detalle coqueto: camisa con las mangas cortadas, camiseta y zapatillas Nike traídas de fuera, un tatuaje en el brazo, otro en la espalda, gomina, cremas... Cuatro de ellos se afeitan todo el cuerpo. A veces se depilan la cara, a la brava: "Me lo hace mi jevita (muchacha, novia) con unas pinzas, a sangre fría", dice Yendri.
"A las chicas les gusta que vayamos rasurados, como los yuma (extranjeros)", explica William. El y sus compañeros se afeitan brazos y piernas con maquinita porque "lo del láser y otros tratamientos cuesta mucha plata".
En todo caso, la eliminación del vello no es una práctica excepcional entre los chicos cubanos. "¡Eso lo hace aquí todo el mundo, como en todas partes!", exclaman ofendidos los estudiantes. Las películas norteamericanas que se proyectan en la tele y en el cine, a menudo pirateadas, son la principal referencia y fuente de inspiración. Los parientes que viven en el extranjero y el poderoso boca a boca hacen el resto.
Toda prenda moderna o elemento cosmético resulta aquí muy caro, pues se vende en peso convertible o "divisa" mientras que los sueldos se pagan en débiles pesos cubanos. Con todo, a cada uno de los dos estudiantes que hemos visto tatuados la operación les ha costado 10 CUC (7 euros). La gomina vale de 1 a 1,85 CUC, "pero si no tienes el dinero usas desodorante o champú; o tomas un poco de uvita (fruto del ateje), la machucas y te riegas la cabeza con el líquido". En cuanto a las cremas, que también usan casi todos, la reina es la Nivea.
Los jóvenes que pueden mantener un coche a menudo lo tunean (modifican) con exagerados alerones, tubos de escape enormes, cordones de luz fosforescente y equipos de música de potencia desproporcionada.
Las muchachas cubanas también se las arreglan. Es un secreto a voces que en La Habana existe un amplio mercado negro de ropa de marca o imitación. Zara o Mango (ésta última tiene tienda aquí), pero también Dolce & Gabanna, son marcas de creciente éxito en Cuba.
La prensa oficial viene dedicando crecientes espacios a estos cambios. Juventud Rebelde publicó hace unos días un informe de dos páginas con el siguiente titular: "¿Un macho menos 'macho'? El número de hombres que usan atributos y cosmética femenina aumenta. Cuba no escapa a la metrosexualidad". En el texto, el fenómeno se asociaba a la globalización, los intereses de mercado y la pérdida de valores. Otros artículos han cargado contra la vulgaridad y el machismo del reguetón o advertido de los peligros del piercing. Y han llamado a los jóvenes a mantenerse fieles a la Revolución. Preocupa la ética y preocupa la estética.
Y es que ciertos cambios parecen ir por delante o al margen de la vanguardia revolucionaria.
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