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Blanco saludable
La adicción al sol y los mitos que existen en relación al bronceado. Por una piel de porcelana.
Con el sol existe un nivel de desinformación similar al que existía, hace unos años, con el cigarrillo. Todavía algunos se preguntan la diferencia entre un factor solar 50 o 20, consideran saludable estar bronceado o desconocen hasta qué punto es útil un protector solar.
"La comparación es válida, pero admite algunas variantes. Las campañas contra el cigarrillo fueron mal llamadas anti-tabaco. Y nunca fueron anti. Simplemente fueron pro-salud. Porque no es lo mismo promover lo positivo que lo negativo. Por eso, las campañas de la Sociedad Argentina de Dermatología nunca fueron contra el sol. El sol no tiene nada que ver. Fueron a favor de cuidar la piel porque esto equivale a cuidar la salud. El sol puede dañar cuando uno se expone a dosis desmedidas. El mensaje es a favor. Así no se generan fobias. Con el cigarrillo se llegó a un nivel de intolerancia no conducente", compara el doctor Fernando Stengel, dermatólogo y presidente de la Fundación Cáncer de Piel. Antes de la presentación que realizó para La Roche Posay, habló con Mujer.
"Bronceado, salud, turismo, bienestar: siempre el mensaje de placer está asociado a la imagen de una mujer en bikini, en una playa, expuesta al sol. Las grandes empresas farmacéuticas también son responsables del mensaje "bronceado seguro". Acelerar el dorado conlleva a una valoración del bronceado que es espuria. La disociación con el mensaje que queremos transmitir es enorme. Hay que dar un mensaje coherente. Cuando dicen, prepará la piel para el verano', ¿qué quieren decir? Bronceate antes para no quemarte mal en verano'. Es un mensaje erróneo", dispara el médico.
Entonces, ¿cómo sería la relación ideal con el sol?
Tiene que ser armónica, equilibrada. No hay que vivir sin sol, tampoco vivir para el sol. Hay que convivir con él. ¿Cómo? Aquí surge otro paralelismo. El cigarrillo es adictivo. Y existe evidencia de que en algunos grupos el sol podría tener ciertas características adictivas. Hay gente que se siente bien al sol, con la piel hiperquemada, personas que podrían tener ciertos mecanismos de liberación de endorfinas, a las que el sol los armoniza y les proporciona bienestar. Ellos tendrían una adicción verdadera al sol. Entonces se comportan como adictos. Su relación deja de ser racional. Pero hay otras personas que se exponen de manera menos compulsiva. En estos casos hay que tener en cuenta que la piel es el yo que se ve. Y la gente, cuando valoriza su piel, se broncea porque así su yo' se siente mejor. Por eso podemos distinguir entre dos grupos: uno mínimo que puede tener un fenómeno adictivo y el otro que realmente se broncea por una cuestión cultural, porque está bronceando su yo'. Y aquí hay otra semejanza con el cigarrillo. ¿Cuándo comienza esto? A temprana edad, igual que con el pucho. Las tabacaleras apuntan a los más jóvenes.
Es cultural.
Claro. Pero hay razones fisiológicas para vivir con el sol. El sol es esencial para la síntesis de vitamina D. Y esto es importante. Evolutivamente, una mujer que no sintetiza vitamina D, no procrea, no puede alimentar al esqueleto del feto. Esto es trascendental porque asegura la evolución de la especie, permite sobrevivir. Otro tema asociado, que confirma su importancia: el color de la piel. Varía con la altitud, esto denuncia que un poco de sol es fundamental. Los fineses, por ejemplo, tienen piel blanca porque necesitan aprovechar la radiación solar al máximo. Los que tienen la piel oscura necesitan ponerse más al sol. El pigmento frena el ingreso de la radiación ultravioleta. Por eso, hay mayoría de personas de piel negra en el Ecuador.
¿Cuál es la medida de protección ideal? ¿Usar cremas, ropa especial, vivir a la sombra?
Una relación armónica entre el tipo de piel y el tipo de sol al que se está expuesto. No es igual la protección que necesita una persona que no se broncea, muy blanca, que otra de piel oscura. Tiene que haber una armonía entre el tipo de piel y la radiación a la que se está expuesto. A un blanco, en Suecia, es improbable que se le resienta la piel. Pero en el Ecuador, sufriría. También hay respetar los horarios de sol. Sombra corta, riesgo alto. Ropa adecuadas y cremas protectoras.
Entre sus ventajas, la doctora Cristina Pascutto, médica del Hospital de Clínicas y docente de la UBA, comenta que el sol ayuda a la fotosíntesis, favorece la visión y la síntesis de vitamina D (de 10 a 15 minutos de exposición diarios resultan suficientes, aun para las mujeres que tienen osteoporosis) "y libera endorfinas, por lo que también se usa con fines terapeúticos", agrega durante la la campaña de prevención organizada por Avène Solar. ¿Su lado oscuro? "El sol quema, envejece y provoca cáncer. Esto es lo que hace. Produce fotodaño agudo (quemaduras) y crónico, fotoenvejecimiento, carcinogénesis y cataratas (el ojo también se ve afectado por la luz UV). Además puede provocar reacciones anormales, como fotoalergias o dermatosis fotoinducidas y herpes activados por la luz." La contradicción es permanente: Mujeres que se tratan durante todo el año y después preguntan cuándo pueden tomar sol. "El fotodaño es crónico -advierte la médica-. La melanina es una proteína, un pigmento que absorbe y dispersa la luz ultravioleta. Está genéticamente determinado. El bronceado saludable no existe. Debe considerarse como una reacción de defensa (insuficiente) ante una injuria que es el sol. La piel se aclimata con la pigmentación, pero también se produce un engrosamiento de la capa cornea. La piel se engrosa para protegerse."
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