Pedro Sandoval descubrió que era hijo de desaparecidos, pero al principio ayudó a su apropiador; tras un difícil proceso, rompió el vínculo y hoy milita junto a Abuelas; Tuve que sacarme varias vendas, dijo a lanacion.com, en una entrevista, acompañado de su tío.
Como tantas veces, Pedro manejaba su camioneta junto al hombre a quien hasta ese momento llamaba papá. Detuvo la marcha y en medio del llanto escuchó la frase que transformaría su vida: "Sos adoptado y sos hijo de desaparecidos".
Era 2004. Tenía 26 años y empezaba para él un tormentoso proceso. De la noche a la mañana su vida no era su vida, su pasado no era su pasado, sus padres no eran sus padres, su historia no era su historia.
Su primera reacción fue consolarlo. Durante el proceso judicial intentó ayudarlo y rechazó someterse a las pruebas de ADN. Necesitó tiempo, procesar sus sentimientos, luchar contra la inmensa culpa que sentía frente a esa ambivalencia en la que se mezclaban miedos, odio, sospechas, traiciones, vergüenza y la gratitud hacia quienes lo habían criado, pero había a su vez conculcado el mayor de sus derechos. Pero una vez finalizado el juicio oral que condenó a Víctor Enrique Rei, comandante retirado de Gendarmería, a 16 años de prisión por apropiación y supresión de identidad, decidió romper el vínculo con su pasado y acercarse poco a poco a la familia que lo buscó incansablemente desde la desaparición de sus padres Pedro Sandoval y Liliana Fontana en 1977, secuestrados ambos por la última dictadura militar.
Pedro Alejandro Sandoval -según su nuevo DNI- es el nieto número 84 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo y hoy milita junto a ellas por los derechos humanos. "Fue como un parto", dice en una entrevista con lanacion.com, acompañado por su tío Edgardo Fontana, hermano de su madre desaparecida.
"Tuve varios indicios, pero el más fuerte fue cuando tenía ocho años. Estaba jugando a la pelota en la puerta de mi casa y salió una mujer de un auto y me dijo: ´subí nene, soy tu abuela´. Yo no la conocía, por lo que volví corriendo a mi casa y le conté todo a mi familia. Me dijeron que cada vez que se me acerque un desconocido vuelva corriendo para casa".
Caminos entrelazados. Con el tiempo, fue descubriendo otros puntos de encuentro. Compartió un cumpleaños de una vecina con Edgardo sin saberlo, y jugaba al rugby en Curupaity, el equipo predilecto de su tío. También descubrió que el bar donde se juntaba con sus amigos antes de ir a la escuela era el mismo en el que sus padres se habían conocido. "Uno no se daba cuenta que eran indicios, pero hoy uno se sorprende de estas coincidencias", relata a este medio, en un reportaje realizado a 35 años del último golpe de Estado.
"Estábamos a 25 cuadras, caminábamos las mismas veredas, las mismas calles, comprábamos carne en la misma carnicería", cuenta el tío, que sabía de su existencia porque su hermana Liliana le había dicho antes de ser secuestrada que estaba embarazada y que su hijo se llamaría Pedro.
"Al principio uno relegaba porque tenía la historia contada sólo de un lado y cuando vos ya sabés tu identidad y la asumís, decís: el ADN te tira y te tira fuerte, te lleva a los lugares donde menos pensás. Y uno de los lugares que yo menos pensaba, era ese bar, donde era el inicio de mi día, donde tomaba café, era el lugar donde se conocieron mis viejos, seguramente donde se dieron el primer beso".
El vínculo que logró establecer con su familia también fue el resultado de un trabajo largo. "Pedro iba y volvía. El vivía en un mar de dudas", cuenta Edgardo, quien admite lo difícil que fue para ellos encontrarlo después de tantos años. "Nosotros esperábamos a un bebe y tenía ya casi 30 años. Uno no está preparado. El ya tenía sus ideas, hay que respetarse. Uno se había quedado detenido en el tiempo y esperaba una cuna".
Quiebre. Rei había declarado ante la Justicia en 2002 y había quedado en libertad. Fue en 2004, tres semanas después de ese diálogo que tuvo con Pedro, que quedó detenido. "Cuando me habló, yo no entendía nada, se me puso la mente en blanco y le dije: ´Quedate tranquilo, no pasa nada´. Y al toque me dijo: ´Tenés que ayudarme para que Alicia [su esposa] no vaya presa. Fue otro golpe. Nada es casual. A mi en ese entonces no me cerraban las historias. Hoy uno ya sabe quién es él", relata sobre Rei, a quien describe como una "persona que trabajaba en inteligencia, era soldado norteamericano, y estuvo en la Escuela de las Américas".
Entre 2004 y 2006 y tras negarse a someterse a los exámenes de ADN, hubo dos allanamientos. "En el primero me llamó mi apropiador para avisarme y pedirme que prepare todo. Ahí tuve otro toque de lucidez y agarré al perro le cepillé los dientes, con la toalla le sequé el hocico, con el peine, lo peiné. El abogado de Abuelas me dijo que si no hubiese hecho eso, nunca me hubiesen encontrado porque no hubiesen visto esa irregularidad. Fue por eso, que ordenaron otro allanamiento y tardaron seis meses más porque lo compararon con todo el Banco de Datos Genético".
"No es extraño que me haya preparado sabiendo que iba a ser detenido. El no me dijo que iba a ir a declarar y me tuve que enterar por el diario. Son cosas que hoy no me extrañan, en ese momento yo no entendía nada, estaba perdido en una nube. Yo me iba enterando todo no por él, sino por terceros. por el diario, por la Justicia.".
El reencuentro con los Sandoval - Fontana. Conocer a su familia biológica fue otro desafío en el camino de la reconstrucción de su identidad. Meses después del juicio viajó a Entre Ríos a conocer la tierra de sus padres. "Fue volver a reencontrarme no sólo yo, sino que pude reencontrarme con mi mamá y con mi viejo, jugar con la hamaca con la que jugaban ellos, recorrer las calles de ellos, ese fue el día que volví a nacer. Tuve varios días así. Pero ese día fue la primera puerta que abrí". En Entre Ríos fue invitado a un programa en una radio local y ante su perplejidad, empezaron a acercarse familiares hasta ese entonces desconocidos.
"Pude apoyar mi cabeza en un hombro y decir ya está. Yo me saqué varias vendas. Y al sacarme esa última venda y ver quién es quien, ahí pude decir, acá estoy. Por eso cuando finalizó el juicio dije: hoy puedo cerrar una puerta y abrir otra".
Impulsar la causa. Pedro decidió no querellar a la mujer que lo crió. "La causa contra ella quedó parada porque Rei con sus influencias la hizo pasar por loca. Ella está cuerda, la hacen pasar como que tiene Alzheimer y seguirá así. Yo decidí contar la verdad, no miento más con nadie, pero no voy a impulsar la causa en su contra". Sí decidió accionar el día en que Rei apeló su condena al alegar que Pedro era su hijo biológico. "Ahí me puse al pie del cañón y salí a pelear diciendo basta. Lo hizo por maldad".
Por Tamara Krell
De la Redacción de lanacion.com
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