Ganar la plaza Desde hace veinte años conduce La Runfla. Lo festejaron haciendo Drácula a las cuatro de la madrugada.
Soy un poquito grande. En Pompeya, me acuerdo, alcancé a escuchar por radio Los Perez García. Yo quería hacer esto, decía de chico. Voy a ir a la puerta de la radio y le voy a decir que quiero hacer teatro en la radio. En el club Unidos de Pompeya apareció Francisco Musicato. Así empecé.
Ahora encaramos “Drácula” porque, entre muchos de los abordajes que se hizo del mito, en las páginas de la novela de Stoker encontramos la esencia. El espacio escénico va cambiando con la historia. La hicimos durante un par de meses a la madrugada, y el final sucedía al amanecer, con un silencio intenso, entre árboles añejos. Tenía que ver con la historia. Y era un alegato contra la sensación de inseguridad: te pueden asaltar en Parque Avellaneda a la madrugada, como en Recoleta a las tres de la tarde. Ahora volvemos a hacerla en horarios normales.
Gabriela Alonso, mi esposa, es una gran actriz, y me ayuda en la dramaturgia. Desde hace años ella forma parte de todos mis delirios.
En los ‘90, me parece, el teatro se metió para adentro. Hay mucho teatro, hay actores de puta madre, es uno de los países con mayor intensidad dramática. Pero ha dejado de trabajarse en grupo. Se arman compañías concertadas para cada trabajo. Las estéticas han sido invidadidas, pero se han cerrado y a veces se hace un teatro para entendidos.
El encuentro que se genera, en un espacio público, que es de todos, garpa. Garpa por lejos.
Mi formación fue una gran deformación, en la que aparece algún seminario con el Odin Theatre de Eugenio Barba, clases con Ariel Allende, cuatro años en el Estudio de Buenos Aires, con Víctor Mayol y Enrique Dacal, dirección con Juan Carlos Gené, liberación de la voz con Marta Sánchez.
La salida a la calle fue determinante para mi. La explosión democrática me pegó por ahí. Eramos entonces, a medidados de los ochenta, como trece o catorce grupos que salían a hacer teatro callejero. Había discusiones sobre el teatro popular: por la alegría y contra la muerte era la consigna. Yo tenía el grupo, La obra, y nos fusionamos con el grupo El encuentro, que conducía López Vidal, y de ahí surgió La Runfla. Ya cumplimos veinte años.
En el 2001, en pleno estado de sitio, estrenamos El Funeral. Una obra mía. Se hablaba allí del entierro de la igualdad. Se iniciaba con los griegos, el imperio romano, el Cristianismo y así llegabamos a la modernidad. Una tremenda y extensa alegoría. La hacíamos en medio de la debacle, de aquella crísis increíble. Pasó mucha gente de la universidad de ciencias sociales, de letras, que tomaron esa pieza como factor de estudio. Era una obra inmensa: cinco andamios de tres pisos, interveníamos en un edificio de enfrente. Todo corriendo con una consola y algunas pocas luces. Sin la técnica necesaria pero con un gran entusiasmo.
En “Poder Pesa Poder”, sobre el Macbeth de Ionesco, cuando se dice el gran discurso donde se aventuran todas las calamidades del mundo, del otro lado del andamio-escenario, puse a una madre, con su bebé, mientras le cantaba una nana para dormirlo. Esa puede ser una imagen de lo que busco en el teatro.
Creo que el teatro sirve para juntarse. Es un gran pretexto. Vivo de lo que me gusta. Estoy en La Runfla, tengo un Centro Cultural cerca del Parque Avellaneda, todo en la zona. Doy clases en el EMAD sobre el teatro callejero. Llego muy justo con la guita. A veces, alguien te contrata, y ese día el asado viene con mejor vino. Pero vivo de lo que me gusta.
La gente viene con cabeza de videoclip. Pero yo genero un clima, cuento una historia. Una de las mejores cosas que me pasaron en mi vida fue una familia aymara que vino a ver varias veces a ver la obra Poder Pesa Poder. Los muchachos del elenco decían que venían por el vino que se servía durante el aquellarre, con unos fuegos artificiales. Entonces, me acerqué al jefe de la familia y le pregunté: por qué viniste tres veces. El muchacho, que parecía descendiente de aymaras, me dice: Para terminar de entender. «
¿Quién es?
Dramaturgo y director. Se formó con Favio Goldring, hoy desaparecido, entre muchos otros maestros. También realizó cursos de gestión cultural. Formó el grupo Arlequín, teatro para niños. También formó el grupo Caracú, teatro callejero. Y desde hace veinte años conduce La Runfla, con el que lleva realizados veinte espectáculos, como Luz de fuego, El gran Funeral y Estado de Resistencia. Dirige con Gabriela Alonso un centro cultural cerca de Parque Avellaneda. Es docente en su género en la Escuela Municipal de Arte Dramático. Presenta Drácula, los sábados, a las 20, en Parque Avellaneda.