SAN JUAN, Puerto Rico. Qué maravilla es salir del país y comprobar que, por fin, estamos en boca de todos. Por mi trabajo, me toca viajar regularmente y ya me había acostumbrado a que nadie se interesara por nosotros. ¿De dónde viene? ¿De la Argentina? Ah. Es decir, la indiferencia más cruel y despiadada. Un atentado contra la argentinidad. Un vacío existencial.
Pues bien, estoy en condiciones de asegurar que eso es cosa del pasado. En los pocos días que llevo entre Miami y Puerto Rico descubrí que, gracias a nuestro gobierno, hemos vuelto a ser noticia. Hemos vuelto a la televisión y a las primeras páginas de los diarios. Todo el mundo se interesa por nosotros. "¿Viene de la Argentina? Por favor, cuénteme qué está pasando ahí." La típica anécdota, que tantos hemos vivido, de identificarse como argentino en Japón o en las islas Vírgenes y que nos contesten "oh, Maradona", ha cambiado. Ahora es: "¿Argentino? Oh, Messi, Moyano". ¡Sí, Moyano ya es una celebridad! No es para menos: un camionero sospechado de tener sus ahorros en Suiza habla de un país con una movilidad social extraordinaria.
No voy a negar que, en lo personal, este nuevo clima me tiene con la vanidad por el techo. En la misma reunión con colegas de toda América latina en la que antes era el último orejón del tarro ahora me he convertido en una verdadera estrella. Mi doble condición de argentino y kirchnerista hace que me paren por los pasillos y me apestillen a preguntas. Yo trato de imitar a Cristina y les explico, con palabras de ella, cómo funciona el mundo, en un panorama que va desde la crisis del capitalismo hasta las cualidades afrodisíacas de la carne de cerdo. Pero claro, no me sale igual. Ahora entiendo por qué ella da discursos y no conferencias de prensa. Me interrumpen todo el tiempo. Yo les hablo de la necesidad de refundar el Fondo Monetario Internacional y ellos me dicen que tenemos uno de los mayores índices de inflación del mundo y que truchamos las cifras del Indec. Así no se puede.
De todos modos, de tanto escuchar a la señora pienso que algo he aprendido, porque para todo tengo una respuesta. Aquí, en la encantadora Puerto Rico, esa capacidad de retruque tan propia de nuestro movimiento nacional justikirchnerista (y ojo que si ganamos en octubre al justi lo borramos) me ha servido para enfrentar la indignación por el bloqueo que impidió la salida de Clarín. Creo que los colegas que me increparon por este tema, repitiendo los viles argumentos de la prensa canalla, se llevaron una sorpresa. La verdad es que quedé encantado con mis intervenciones, que me parecieron mucho más sagaces, por ejemplo, que las de Timerman. Bueno, es cierto: no hace falta mucho. En fin, la cuestión es que no me resisto a reproducir aquí parte de ese rico tiroteo.
?¿Qué te parece que 40 desconocidos hayan dejado sin diario a cientos de miles de personas?
-Que en la Argentina las minorías han vuelto a tener su lugar.
-¿No es un ataque a la libertad de prensa?
-No, porque el diario se puede leer por Internet. Hasta es más barato y no te ensucia los dedos.
-¡Pero vos trabajás en un diario!
-Es cierto, pero quién dice que la libertad de prensa de los periodistas vale más que la libertad de expresión de los ciudadanos argentinos que se manifestaron en la puerta de la planta de Clarín.
-Es obvio que detrás de esto estuvo el Gobierno.
-¡No! Al contrario: es el principal perjudicado. Llevo una semana fuera del país y todo el mundo se solidariza con Clarín y me habla pestes del Gobierno.
-¿Por qué no mandó a la policía, como lo había ordenado la Justicia?
-Esta es la policía que heredamos de la dictadura. Si bien la ministra Garré está metiendo mano a fondo ahí, falta mucho. Además, un patrullero fue a disolver el piquete, pero no pudo pasar. Lo paró el piquete.
-Clarín salió el lunes con la tapa en blanco, ¿no es un símbolo de estos tiempos?
-En eso coincidimos. Hace unos años me tocó ver en Guatemala un diario que, al ser censurado por el gobierno, salió con la tapa totalmente negra. La de Clarín, en cambio, era blanca y radiante, luminosa, y hasta podía tomarse como una invitación a que la gente se animara a llenarla según sus propios gustos. Qué interesante: un diario completado por sus lectores. Incluso me dicen que fue utilizada como anotador y hasta como servilleta, y que, por fin, no ensuciaba los dedos.
-Oye, ¿nos parece o te estás burlando de nosotros?
-No, por favor, jamás lo haría. Ustedes son mis colegas y mis amigos. La única diferencia es que yo vengo de una batalla cultural ganada. Soy parte de la nueva Argentina. En esa Argentina, la gente está feliz consumiendo, vota a Cristina y no protesta en las calles porque no haya salido un diario. ¿Me entienden?
Se fueron sin contestarme. Cris, otra batalla ganada.