Sumareggae. El sábado, la tercera noche del festival tuvo destacadas actuaciones de Fidel Nadal, Etana y Capleton.
Todo se va acomodando con cierta lógica. El fenómeno experimentado por el reggae en la Argentina post 2001 ya tiene su propio candidato a gran festival. Como pasa con el Rototom Sunsplash en Europa o el Sierra Nevada World Music Festival en California, el Sumareggae se va postulando al podio festivalero del reggae a nivel local y regional.
El sábado, en el tercer y último día del festival, el Groove de Palermo recibió a un público interesado no sólo en dejarse llevar por la característica cadencia tropical del reggae, sino también por demostrar que las palabras cultura, paz y hermandad pueden darle una buena mano a la sociedad de hoy.
En un marco signado por la armonía y la buena vibra, se podía disfrutar de una interesante feria en la que se destacaban los viejos vinilos de reggae y los coloridos tams (gorros rasta). Con gran parte de la convocatoria ya en el local, comenzaba la final del Rototom Reggae Contest, el certamen argentino-uruguayo donde la banda y el DJ ganadores -que resultaron ser Livity Songs y Miss Bolivia respectivamente- obtienen un lugar en la grilla del Rototom Sunsplash 2011 a realizarse en Benicassim, España.
De ahí en más fueron fluyendo los artistas principales por el escenario con total naturalidad, casi compartiéndolo los unos con los otros. El primero fue Fidel Nadal que con su experiencia a cuestas y un puñado de hits como International Love y Luz y compañía se compró al público ni bien su tam estilo Bobo Shanti asomó a las tablas. El siguiente turno fue de Etana, casi una desconocida en Buenos Aires y toda una celebridad en Jamaica. Nacida en Kingston y emigrada a EE.UU., condimenta su reggae con elementos de R&B y gospel. Su encanto reside en el manejo de las melodías y en una voz agradable y clara, bien al contrario de las otras estrellas de la noche, más gritonas y arengadoras. En sólo 35 minutos regaló un memorable show con brillantes covers de Jimmy Cliff y Bob Marley. Después, Resistencia Suburbana hizo bien lo que mejor le sale: reggae argento para las masas.
El final de fiesta llegó con la salvaje actuación de Capleton, un león desatado en escena. Poseído por una energía infinita, Capleton se erige como un chamán en éxtasis de adrenalina. Todo el show es una comunión de almas donde la tradición rasta guía, a través de la música, el placentero flotar de los sentidos. El estilo vocal del jamaiquino es consistente y pesado, con un groove abrumador. El mensaje de Rasta está en muy buenas manos con Capleton, quien en su primera visita a nuestro país dejó clara evidencia de por qué lo llaman “El Profeta”.