Esta noche. El filme de Juan Minujín, protagonizado por él mismo, Leonardo Sbaraglia Y Pilar Gamboa, abre el festival. Una película sobre actores, hecha por un actor.
Una película sobre la actuación. Eso es Vaquero , de Juan Minujín, que inaugura hoy la 13° edición del BAFICI. “Toda mi vida está atravesada por la actuación. Mi vida cotidiana, mis finanzas, todo. Es inevitable que hable de esto. Los actores están todo el tiempo pendientes de qué le pareció al resto algo que uno hizo, de si los van a llamar para un trabajo o para otro. Me ha pasado, como a casi todos, tener dos trabajos y al mismo tiempo pensar en qué está haciendo el otro o qué va a hacer el año que viene. Hay un nivel de especulación e insatisfacción descomunal. En todas las profesiones hay mucha competencia, pero acá la seducción es parte del trabajo. Todo el tiempo se trata de agradar y siempre se está calculando. Me interesaba lo neurótico que uno puede volverse con todo esto y quería mostrar todo lo que piensa el actor mientras actúa”, cuenta Minujín.
Vaquero se mete en la cabeza de un actor al borde del desequilibrio, interpretado por el propio Minujín, obsesionado con el éxito de un colega mucho más prestigioso que compone Leo Sbaraglia. “Nunca había hecho de actor en una película. Podía construir al personaje sin salir a investigar demasiado porque uno ya conoce este mundo al dedillo. Y Juan lo transmite de una manera muy verosímil.” Sbaraglia dice no saber “si esta fue la realidad de Juan, pero es la realidad de muchos. El 90% de los actores tiene una situación inestable y no vive de esto. La actuación es jodida, no tenés un sueldo mensual y la incertidumbre es difícil. Muchos se hartan y terminan trabajando en cosas más estables y tranquilizadoras, como en una tira diaria o en un teatro oficial por un sueldo. Hasta uno, en momentos de vacas flacas, está esperando que lo llamen para ver qué va a hacer en un par de meses” confiesa Sbaraglia.
Juan aclara: “No escribí el personaje de Leo pensando en él, pero quería a alguien interesante. Su personaje no es sólo alguien famoso, no podía ser un salame. Necesitaba a alguien inteligente, para que mi personaje lo admire de verdad. El personaje de él tiene fama, prestigio y encima es buen tipo, trata de ayudarlo. Leo seguro usó cosas de él para componerlo, pero en realidad él es mucho más obsesivo que su personaje, que hace las cosas de taquito y es muy chanta.” Para Leonardo, su personaje “tiene esa tranquilidad que muchas veces todos quisiéramos sentir. Esa falta de preocupación y responsabilidad... También se nota que Juan puso mucho de él en su personaje y que lo conoce muy bien. Pero por suerte Juan no es eso. El es mucho más complejo. Logró darle forma a algo que habrá sentido muchas veces y que nos pasa a la mayoría de los actores”.
“El protagonista no es un loser que está deprimido. Tiene dos trabajos, en teatro y cine, no está nada mal, pero él lo siente como una desgracia total. Mi personaje está a punto de estallar, tiene una especie de Hulk adentro. Es un chico que puede prender fuego todo o comprar un arma y matar a alguien. Me gustaba ese costado más que alguien que pide todo por favor. Quería a alguien que esté sacado”, se sincera Minujín, actor de Un año sin amor .
“La historia es trasladable a cualquier otro ámbito, no se restringe sólo a la actuación. Uno siente mucho privilegio porque le ha ido bien casi toda la vida, pero uno siempre se siente un poco identificado en algún punto con el personaje de Juan. El mundo de la actuación es bastante así”, agrega Sbaraglia.
Minujín completa que “más allá de lo económico, los actores suben y bajan anímicamente muy rápido. Hay momentos de mucha euforia cuando te llaman para hacer algo. Pero si después la película no se estrena, o es un fracaso, terminás buscando si no podés hacer de médico en una tira a las dos de la tarde. Hacer una película tiene que ver con ser un poco más independiente de esa dinámica de la actuación.” El actor, que debuta en la realización, piensa que “la responsabilidad de cómo está un actor en una película es del director. Me pasó mil veces que no me gustó cómo estaba y sentí que hice algo mal. Pero los responsables finales siempre son el director, que no supo guiar, y el montajista, que no supo acotar ese mal momento. Me molesta cuando en el cine nacional los actores no están todos en el mismo tono. Acá los veo muy bien a todos, en un mismo rango. Todavía ninguno vio la película, la van a ver por primera vez en la apertura, con el público”.
“Esta experiencia que tuvo Juan como director es la que todo actor siempre sueña tener. Me gustaría dirigir alguna película en algún momento de mi vida. Pero no cambiar de rubro, sino hacerlo como una experiencia personal nomás”, cierra Sbaraglia.