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El aire del río: la poética de lo colectivo

Con esta obra de Carlos Gorostiza, encarnada por un prestigioso trío de actores, arranca la nueva temporada del Teatro San Martín

El aire del río: la poética de lo colectivo
El Teatro San Martín, dependiente del Complejo Teatral de Buenos Aires, comienza esta semana su programación 2011 con dos estrenos casi simultáneos: hoy, El aire del río , y mañana, Lo último que se puede esperar , dirigida por Paco Giménez. Ambas interesantes, ambas contemporáneas.

Ellos se venían intuyendo, se venían teniendo ganas desde hacía tiempo. Nunca habían trabajado juntos, salvo algún cruce circunstancial en un tira televisiva tiempo atrás. Pero se conocen y había deseos confesados de trabajar juntos. Y se dio. Ingrid Pelicori, Pompeyo Audivert y Alejandro Awada finalmente se encontraron cuando les llegó la propuesta de Manuel Iedvabni de estrenar El aire del río , de Carlos Gorostiza, en el San Martín. Mucho nombre fuerte como para negarse a semejante desafío, a semejante placer. El texto de "Goro", la mirada de Manolo, cada uno de ellos tres en escena. Todo les daba perfecto para no jugarse una buena ficha.

"Y había algo lúdico en la propuesta, una invitación abierta a jugar para los actores que terminó por ser irresistible", resume Ingrid Pelicori, la Isabel de una historia multiplicada por tres. Es que la comedia dramática que pergeñó Gorostiza en los papeles atraviesa el tiempo de nuestra historia con los mismos tres personajes -Isabel, Domingo y Francisco- y los enfrenta a los vaivenes amorosos -que siempre suceden- y a los políticos y sociales de tres épocas determinantes como la colonia, la inmigración y la actualidad.

"En los tres momentos aparece un triángulo amoroso en el que, además, se contraponen dos posiciones frente a la vida: el personaje de Alejandro [Awada], que tiene que ver con un luchador social, alguien que entiende la humanidad pero que en eso descuida el bien de su semejante más cercano, y los otros dos, que viven encerrados en su pequeño mundito y no se atreven en la preocupación común. Es una reflexión social que, a la vez, tiene mucho humor", sigue Ingrid.

Las diferentes posiciones de las que comienza a hablar Pelicori se pueden encontrar en forma equivalente en las distintas épocas: en la lucha por la independencia, en los anarquistas de principios del siglo XX o, luego, en la lucha de los años 70. "No importa cuál es la lucha en cuestión sino el llamado a poner el cuerpo ahí", afirma la única mujer del elenco.

"Es la misma identidad pero va cambiando la forma expresiva de construirla. Además, son también distintas épocas teatrales muy nuestras, géneros muy reconocibles, y que estén escritos en el presente hace que la obra tenga una gran modernidad a pesar de estar portando los códigos genéticos de la teatralidad nacional -detalla Pompeyo Audivert-. Está muy bien pensada la obra, Gorostiza hace referencia a esas crisis cíclicas que hay en todo proceso histórico. El logra ligar la operación dramatúrgica al grito histórico."

A Awada le encanta la idea de "grito histórico" y la retoma rápidamente: "Sí, es una comedia dramática, política, histórica, social; los afueras cambian pero el conflicto es el mismo y tiene que ver con ese grito histórico, con el dolor que provoca el sistema, esa necesidad de transformación de lo social y la imposibilidad de transformación. El mundo ha cambiado poco sustancialmente, la miseria continúa y el sistema sigue instalado firme con su misión de que el hombre no sea feliz".

El "grito histórico" es el que les resuena a ellos en las entrañas al pensarte actores sociales de una comunidad a la que representan y de la que se sienten parte. Los tres coinciden, no hay quiebres que los corran de este pensamiento común, y también de otro: de la buena teatralidad a que ello los enfrenta o, más claro, la posibilidad de juego escénico que es el mayor atractivo para un actor.

Oficios y egos
Entrar y salir con un mismo personaje a cuestas por distintas situaciones, por distintos momentos los obliga a un cambio de registro que se intuye ágil, divertido, pero que no deja de poner en escena situaciones dramáticas de los tiempos narrados por el autor. "La verdad, Manuel [Iedvabni] se apoyó muchísimo en nuestro trabajo, nos permitió explorar cada situación, lo que habla del conocimiento que este director tiene del actor, de la confianza que tiene en nuestro trabajo. Y uno se siente muy agradecido por eso", sigue Awada.

-Son tres actores fuertes, de trayectorias importantes ¿cómo jugaron los egos en este trío?

IP : -Fue muy importante ver cómo nos encontráramos entre nosotros en el escenario, y fue bárbaro, y creo que tuvo mucho que ver el modo que tiene Manuel de trabajar. Si esto hubiese sido complicado o tironeado no hubiese sido posible.

AA : -Es que los tres tenemos la misma manera de concebir el teatro como un hecho colectivo, donde todos apostamos al hecho teatral.

PA : -Es cierto que a veces hay elencos que estallan, pero son anécdotas sueltas, por eso se conocen, no es lo común.

AA : -Ya el viejo Stanislavsky hablaba de echar del teatro a los vanidosos.

PA : -Además, en forma personal tengo una mirada fascinada por los procesos de mis compañeros, me encanta ver cómo se construyen los otros trabajos, cómo llegan, es como que espío desde un balconcito externo esas otras maneras de trabajar. Es muy curioso ver el nivel de excitación del otro; hay como una competencia sorda por no traicionar ese nivel y, si es posible, llevarlo más lejos.

IP : -La verdad trabajamos todos juntos en función de algo que nos trasciende, y cuando uno se pone por delante empieza a ser otra cosa a la que yo no me dedico.

PA : -Hay un gran respeto entre los tres, no hay neurosis; es una verdadera apuesta a que esté todo bien. Es que se basa en una visión ética, una visión política que está por detrás de esta forma de trabajar. Hay una visión ideológica que sostiene esa postura. Es la poética de lo colectivo. La escena a veces produce un grado de realidad que pone en ridículo a la realidad que la rodea por el grado de intensidad, de verdad, pasión y artificialidad, y a veces no se puede creer que un artificio haya logrado semejante grado de incandescencia. Contra eso no hay ego que valga.

PARA AGENDAR
El aire del río: de Carlos Gorostiza, con dirección de Manuel Iedvabni. Sala Casacuberta del Teatro San Martín, Corrientes 1530. Miércoles, a sábados, a las 21; domingos, a las 20. Entradas: $ 45; miércoles, $ 25.

Verónica Pages
LA NACION

Jueves 07 de abril de 2011

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