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Julieta Cardinali
Ciclotímica, verborrágica y segura de sí misma. Así es la actriz que confiesa que, ante cada propuesta, le es más fácil decir que no. Está en pareja desde hace casi dos años y medio con Andrés Calamaro y hace uno fueron papás de Charo. Antes de comenzar a filmar junto a Antonio Birabent y Florencia Raggi, jugó a ser modelo para realizar una campaña gráfica.
Sentada frente a un espejo en el camarín del estudio del fotógrafo Claudio Divella, Julieta Cardinali (30) disfruta de ser modelo por un día: mientras se deja mimar por un peluquero, un maquillador, asistentes y por la propia Clara Ibarguren, la actriz habla sin parar, bromea y se divierte. Así es, espontánea y relajada, cualidades que desaparecen apenas alguien intenta atravesar la barrera con la que custodia, muy celosamente, su vida privada. Tanto es así que la entrevista empieza luego de un “pacto” –en verdad, una condición– que prohíbe tocar el tema “Andrés Calamaro” (46) y todos sus derivados. “Odio que digas una sola frase sobre vos y después con eso armen toda una nota. Además, no me interesa en lo más mínimo y no quiero que trascienda mi vida privada”, avisa, y a cambio propone hablar de su carrera y proyectos.
–Fuiste mamá, hiciste teatro y estrenaste dos películas, ¿cómo definirías el año que pasó?
–Fue un año de satisfacciones. En lo personal fui madre y en lo laboral se estrenaron dos películas que había hecho en 2005 y 2006: La antena, de Esteban Sapir, y ¿De quién es el portaligas?, de Fito Páez. Y cuando acababa de parir apareció la propuesta de hacer teatro con Eva y Victoria. La verdad es que había pensado en tomarme un sabaticcal year para dedicarme a la maternidad, pero apareció esta posibilidad de hacer teatro con dos grossas como Leonor Benedetto y China Zorrilla… Y no quería dejarlo pasar.
–¿No te generó conflictos de madre primeriza dejar a Charo todos los días?
–Al principio, con los ensayos fue algo más absorbente, pero después, una vez que estrenamos, era ideal porque estaba todo el día con ella y después a la noche me iba al teatro, hacía la obra y volvía. Siento que no interfirió en absoluto en mi rol de madre, mucho menos que cualquier otro trabajo en televisión o cine.
–¿Cómo vivís la maternidad? ¿Te cambió los días o la incorporaste a tu vida habitual?
–Por un lado, si lo pensás, es un poco antinatural, porque irremediablemente, quieras o no, todo cambia sin que puedas elegir. Pero si no lo pienso, en lo cotidiano, en mi vida de todos los días, yo me hice madre de una manera súper natural. Siento que lo incorporé así, sin pensarlo, y por eso no significó cambios radicales ni abruptos.
–Dicen que con la maternidad hay un desplazamiento del ego, sobre todo en la primera etapa… ¿Sentís algo parecido a eso?
–No sé, creo que eso del ego es un poco una frase armada. Además, yo tampoco tengo un ego tan gigante. Sí, es cierto que hay modificaciones, en el sentido de que todo pasa a ser más relativo porque desde que tenés un hijo hay algo más importante que todo lo demás. Entonces tu mirada sobre el resto de las cosas es diferente y todo se acomoda a tu hijo.
–En el acomodamiento deben quedar temas y tiempos personales relegados, ¿cómo vivís esos cambios?
–Yo no siento que haya tenido que abandonar ni dejar de hacer nada. En serio, por suerte y porque así lo quise, tuve un hijo en el momento que lo deseé, y ésa es la clave para que se incorpore a tu vida de una manera natural, sin sentir que uno pierde algo en el camino, sea libertad o sea tiempos para uno.
–¿Fantaseabas con formar una familia?
–Sabía que quería ser madre en algún momento, pero no era algo que estuviera ahí. De hecho, si me preguntabas hace dos años, yo te decía: a los 35 lo hablamos. Para mí no fue un plan tener un hijo a los 30. Fue mucho más simple: se buscó porque apareció el deseo, porque tuvimos ganas (N. de la R.: por primera vez se le escapa el “nosotros”).
–¿Sos de las que después del primer hijo ya piensan en la familia numerosa?
–No, me parece una idiotez que alguien diga que va a tener cuatro o cinco hijos. ¿Cómo podés saberlo? O, en todo caso, no es un deseo sino un mandato. ¿Cómo puedo saber si voy a querer tener cinco hijos? La verdad es que no sé si quiero tener más hijos. Estoy bien con Charo. Soy feliz.
–¿Cómo es Charo?(Nuevamente se pone seria y tajante.)
–No te voy a hablar de Charo ni de la familia, ni de la cotidianidad, ni de quién le cambia los pañales. Sólo te voy a decir que soy la madre y que es lo más.
–¿Cómo viene 2008?
–Estoy empezándolo con esta campaña de Clara Ibarguren, así que muy bien. Porque la verdad es que ya es la quinta campaña con ella, nos conocemos y la paso bien. Imaginate que venís, te sentás acá y te dejan divina. Lo disfruto mucho.
–¿Por qué una actriz acepta ser modelo?
–Cuando me lo propusieron hace tres años, lo único que pedí antes de aceptar fue que me dejaran ver la ropa. Porque yo no hago esto como modelo sino como personaje, como actriz, como lo que soy. Y para poder ser la imagen de la marca, tengo que identificarme con el estilo y la estética. Y eso es lo que me pasa con Clara: yo uso su ropa. Va conmigo.
–¿Te gusta la moda?
–Me gusta mucho la ropa y me gusta comprar buenas marcas. De hecho, lo que más me compro cuando viajo es ropa. Pero no soy enferma de la moda en el sentido de lo que se usa. No me importan las tendencias, no las sigo.
–¿Cómo continuará tu año?
–Me voy a Colonia a filmar una película que es la ópera prima de Marcelo Trotta y Vivian Imar. Es una película chiquita y de mucho diálogo, con una historia muy linda: hay una pareja –que son Antonio Birabent y Florencia Raggi–, y aparezco yo, que soy una ex novia de Antonio de hace mucho tiempo y se arma un triángulo interesante. Ya la van a ver.
–Tenés fama de ser difícil para elegir los trabajos…
–La verdad es que me cuesta mucho más decir que sí que decir que no. Tengo más fácil el “no”. Yo me tomo muy en serio lo que hago. No quiero agarrar todo para estar ocupada o para tener exposición mediática.
–¿Qué ponés en la balanza a la hora de aceptar o rechazar una propuesta?
–Varias cosas. En primer lugar, el libro, y después el director, los actores...
–O sea: todo.
–Sí, obviamente, me tiene que convencer todo.
–¿Y si viene una época de escasez?
–No me importa si no trabajo, me puedo pasar sin trabajar un año si no aparece nada que me interese. Y todo bien. No me deprimo ni me desespero. Para mí lo más importante es poder hacer sólo lo que quiero.
–Así en el trabajo como en la vida…
–Sí, hoy comparto mi vida con quien la quiero compartir y hago los trabajos que quiero hacer. Y si me preguntás qué quiero para el futuro, te digo que eso: poder seguir eligiendo siempre.
[ Texto Paula Bistagnino Fotos Maxi Didari ]
Fuente
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