Técnicas como la eutonía, el Feldenkrais o la gimnasia consciente se extienden desde el control del estrés y la postura hasta la rehabilitación tras accidentes o perturbaciones psíquicas.
El campo de acción de las terapias corporales parece ser, paradójicamente, lo literal. "Estar bien parado en la vida" (o mal parado), "poner el cuerpo", "saber moverse", son frases habitualmente relacionadas con estados de ánimo o emocionales, y con el uso de las capacidades intelectuales y cognitivas.
Los especialistas en terapias y técnicas corporales se lo toman al pie de la letra, y colaboran para la reunión de lo que en algún momento la cultura tal vez separó, pero la naturaleza nunca: cuerpo y mente.
El psiquiatra Luis Mazzarella, director de la Primera Escuela Argentina de Terapia Corporal, confía en que en ocasiones, abordar los conflictos emocionales a través del cuerpo puede ser más eficaz que las psicoterapias y los tratamientos farmacológicos usados aisladamente, o incluso puede actuar cuando éstas han fallado.
Fue ése, según cuenta, el caso de una chica de 23 años que había recibido un diagnóstico de autismo infantil y desde los 15 años no hablaba: "Había perdido a sus padres en un accidente y al poco tiempo, a su abuelo, que era su tutor -relata Mazzarella-. Una particularidad era que no podía apoyar los pies en el suelo ni enderezar la columna, y la cabeza se le iba a un lado".
Sólo tres meses de trabajo corporal sobre este problema hicieron que la chica volviera a hablar, y que con el tiempo fuera recuperando todas sus capacidades, cuya pérdida se debía, evidentemente, a su enorme pérdida emocional. También se muestra eficaz en personas que han quedado literalmente paralizadas por el terror (estado de catatonía) tras una experiencia traumática.
Pero sólo se trata de los casos más espectaculares: las terapias corporales promueven el autoconocimiento del cuerpo a través de la experiencia propia, y se proponen como alternativa para mejorar la calidad de vida de todo aquel que quiera practicar.
De hecho, remarca Mazzarella, que fuera también ex decano de Psicología de la Universidad Abierta Interamericana, se realizaron hasta hace poco tiempo varios talleres abiertos a los vecinos de la ciudad de Buenos Aires, "con una gran convocatoria".
Gran parte de los pacientes de Busi Dubin, terapista reichiana, le son derivados por psicólogos o psicoanalistas, "generalmente cuando notan que son personas muy ´cerebrales? y muy disociadas de lo más profundo, del cuerpo".
Esta corriente terapéutica fue fundada en la década del 40 por el psicoanalista alemán Wilhelm Reich, discípulo de Sigmund Freud. Reich sostenía que las tensiones de la vida social, la cultura represiva y la rigidez en la educación y en las costumbres generan bloqueos caracteromusculares específicos (corazas).
Y la tarea de esta terapia, que apela tanto al movimiento como a la palabra, es "desbloquear" en la vida adulta esas corazas, creadas en la infancia y que el adulto padece sin ser consciente de ellas, y de esa manera destrabar los conflictos emocionales que afectan la salud, la vida afectiva y las aptitudes personales.
"La coraza es protectora, pero perturba el libre fluir energético, con todos los inconvenientes que esto trae a nivel físico y emocional", resume Dubin. Vivenciar sensaciones en el cuerpo y expresarlas con palabras, registrar los bloqueos personales, son las claves de la terapia reichiana, de la que deriva la bioenergética, otra corriente de terapia corporal que también se practica en la Argentina.
Al igual que Reich, también Moshe Feldenkrais, judío ruso creador de la técnica corporal que lleva su nombre, debió huir del nazismo en la década del 40. La base del método Feldenkrais es "reaprender el movimiento", activando partes del cuerpo que por diferentes motivos habían quedado quietas.
Comparte con la eutonía y la gimnasia consciente el principio de que no existe un movimiento "ideal", y que reaprender la forma de pararse y de moverse implica un proceso muy de cada uno.
La terapia corporal en casos complejos y el "desbloqueo de corazas" requieren el trabajo personalizado con el terapeuta, pero la mayoría de las técnicas corporales se prestan para el trabajo grupal. De hecho se llama "clases" a las sesiones, donde es frecuente que la relación paciente-terapeuta se transforme en alumno-instructor.
El principio básico de la eutonía es lograr la economía de movimientos (siempre hay una forma de efectuarlos más eficazmente, con el menor esfuerzo), el tono muscular adecuado (de ahí el nombre de esta técnica) y desarrollar una forma propia de moverse.
Todo esto resulta de especial utilidad en la rehabilitación de discapacitados motores o de afecciones neurológicas. Uno de los ejemplos de uso de técnicas corporales en salud pública es el taller que dirige en el Hospital Rivadavia de esta capital Alicia Lipovetzky, especialista en gimnasia consciente.
"Hay dos clases de personas que practican esta disciplina -explica-: unos son los que trabajan con el cuerpo, como actores, bailarines y otras actividades creativas, y por otro lado están quienes necesitan corregir problemas posturales, recuperar la funcionalidad del cuerpo o reducir los niveles de estrés."
El hecho de respetar los tiempos de cada uno sin imponer ninguna actividad al cuerpo, de reconocer los movimientos que a cada cual le resultan más fáciles y más difíciles y pensar por qué, hace que prácticamente, según asegura, no haya contraindicaciones.
La gimnasia consciente fue creada también en la década del 40, por la alemana Inx Bayerthal, y la eutonía, por Gerda Alexander. En ellas en general el terapeuta no realiza movimientos, sino que propone sencillas consignas de trabajo a la persona o al grupo.