4 buenas razones por las que te conviene tener pareja
Ella te lo ha pedido: quiere que compartáis techo. Pero tú tienes la cabeza llena de falsos mitos que te impiden dar el paso. No te creas lo que te han contado y descubre lo que te ofrece la vida en pareja.
Acabas de salir de una relación que creías que era la definitiva. Pero aquí estás, soltero y oteando el horizonte para avistar a la mujer perfecta. Hay dos posibilidades: una, que la descubras al otro lado de una habitación repleta y, de repente, tengas la certeza de que ella es la elegida. Problema resuelto. La otra posibilidad es que rompieras con la chica perfecta hace años porque no era tan… o tú no estabas… o ella no pudo… o cualquier otra razón demasiado complicada. Hablando claro: en el fondo, tenías miedo al compromiso. Pero, ¿por qué? A diferencia de lo que se suele decir (especialmente en las despedidas de soltero), una relación estable y duradera no es la tumba del amor ni el acabose del sexo. De hecho, puedes convertirla en la mejor experiencia sexual que jamás hayas vivido.
Fíjate en estos cuatro falsos mitos y descubre lo que ocurre en realidad:
Cuando te casas dejas de tener sexo
Cuando un hombre contrae nupcias a menudo vive el cambio como una renuncia a su intensa vida de potro desbocado para pasar a formar parte de la manda de monógamos. Por supuesto, esta percepción tiene una razón de ser: no son pocos los estudios que certifican que una asombrosa cantidad de esposas no aprueban que sus maridos se acuesten con otras (y eso que la solidaridad está de moda?). Ahora en serio, sé sincero contigo mismo: creer que la monogamia castra tu hombría significa que tienes una visión muy limitada de la masculinidad.
Ten en cuenta que, cuando te casas, se presentan un sinfín de oportunidades para demostrar tu valía como hombre, ya que con el cargo de marido te conviertes automáticamente en cuidador, fontanero, segurata y, con suerte, padre. ¿La buena noticia? Estos desafíos te convierten en un superhombre capaz de superar todos los retos con nota, ya sea en casa, en el trabajo o en la cama.
No estamos de guasa: los hombres casados tienen más sexo que los solteros. Vale, los encuentros son siempre con la misma mujer, pero si sabéis aprovechar el calor del momento, la cosa sólo depende de vosotros ¿no crees? “Aunque continúa existiendo el mito de que los hombres casados envidian a sus amigos solteros, puedo asegurar que en la consulta también se da a menudo el caso contrario: hombres sin pareja, con una vida sexual prolífica, que lo cambiarían todo por una pareja”, asegura la terapeuta sexual extremeña Paula Martín.
Para que funcione, debeis tener muchas cosas en común
Olvídalo. Para que vuestra relación vaya viento en popa no es necesario que compartáis absolutamente todos los valores y aficiones. Al fin y al cabo, lo mejor de estar casado es tener otro par de ojos y oídos con los que disfrutar de la película y contrastar opiniones. Lo único que necesitas tener en común con ella es que sea de la misma especie.
Vale, también es de inestimable ayuda que tengáis una visión de la vida similar, pero eso no tiene nada que ver con tu grupo de música preferido. Pero… incluso si tú eres el típico tío de ciencias al que le gustan los hechos y ella es un espíritu libre que piensa que la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia, no hay razón por la que no podáis encontrar la felicidad juntos. De hecho, tenéis más probabilidades de permanecer juntos que una pareja en la que ambos sean muy iguales. Si tu amada y tú os parecierais demasiado, podría faltar oxígeno en la habitación.
“Las personas demasiado semejantes no se estimulan mutuamente y no evolucionan. Poder contar con una visión diferente de las cosas ayuda mucho en los momentos de crisis (aunque al principio pueda parecer justo lo contrario)”, corrobora Martín.
Ella tiene que ser perfecta
Muchos hombres se niegan a dar el paso definitivo en la relación porque no encuentran a ninguna mujer que cumpla todos los requisitos. Bien, he aquí la respuesta a esas preguntas que te rondan la cabeza: “Sí”, es lo bastante guapa; “Sí”, es lo bastante lista y “Sí”, es lo bastante divertida.
Además, todas esas preguntas son irrelevantes: tus dudas tienen poco que ver con ella y mucho con cómo valorarán los demás a la compañera que has elegido. Pero, párate a pensar un instante: ¿quién se tiene que casar con ella, ellos o tú? No hace falta que sea un bellezón, que tenga un cerebro privilegiado o que sea una carcajada andante para ser una compañera estupenda, digna de ser amada hasta que la muerte os separe (o las “diferencias irreconciliables”, nunca se sabe). Piénsalo así: si ella no es perfecta, ya tenéis algo en común.
Pero, más allá de todas estas reflexiones superficiales, al final sólo hay una pregunta decisiva: ¿permanecerá a tu lado cuando haya problemas? Cuando os agobien los números rojos o los resultados del análisis médico salgan mal, ¿será tu punto de apoyo para capear el temporal? Si ambas respuestas son afirmativas, además le gusta el sexo y no tiene cara de bulldog inglés, no la dejes escapar y forma una familia con ella. Recuerda este mantra empresarial: se pierde más por la indecisión, que por las malas decisiones.
Si no me vuelve loco, no es la mujer adecuada
“El cine ha hecho mucho daño. Por mucho que los hombres aborrezcan las películas románticas, han acabado asimilando los tópicos”, comenta la sexóloga madrileña Verónica Vargas. Por eso, en el fondo, confiamos en que, cuando ella aparezca delante de nuestros ojos, nos daremos cuenta inmediatamente de que es la mujer perfecta (aunque en al vida real no suenen violines ni ella camine a cámara lenta). Eso sí, es cierto que los jóvenes son más propensos a la autosugestión que los adultos que ya cuentan con un largo rodaje.
Y es que la experiencia es un grado: cuanto más autónomo seas emocionalmente, menos probabilidades tendrás de quedarte embobado en el momento en que la chica de tus sueños entre en escena. ¿Significa eso que al hacernos mayores perdemos la capacidad de enamorarnos locamente? No, el flechazo puede ocurrir a cualquier edad. Pero no te limites a esperarlo: primero porque, cuando ocurre, no garantiza la felicidad eterna. Y segundo, porque muchas mujeres que quizá no te alucinan a simple vista pueden resultar muy interesantes si les das una oportunidad. En resumen: lo de las mariposas en el estómago es cosa de críos.