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Diseñadores contentos y un recuerdo cercano
Acerca del look de la Presidenta y de invitados y autoridades, con voto por el bajo perfil.
Si la señora Thatcher fue bautizada en su momento la Dama de Hierro, pues a no sentirnos menos, que nosotros tenemos ahora nuestra "dama de encaje", al decir de un conspicuo personaje de la moda, viajado y entendido, que anteayer patentó la expresión mientras no cesaba de ponderar el equipo de vestido en falso blanco de seda natural, tapado de encaje rebordado y zapatos cerrados con que asumió la presidencia Cristina Fernández de Kirchner.
Opinión compartida en charla informal por otros diseñadores, entre los que no faltó una suerte de Juan el Memorioso de la moda, que sin que nadie lo esperase recordó que Leticia, princesa de Asturias, usó un tapadito blanco también de encaje hace apenas un par de meses, para el bautismo de la infanta Sofía. "¿Don Felipe se habrá dado cuenta de la coincidencia?", se preguntaba con un dejo de angustia, mientras un colega calificaba esa textura como una de las más sugestivas, de la que sin embargo no debería abusarse: "Encaje para la gala de la Cancillería; encaje para la asunción. Demasiado", pontificó, para señalar después que al vestidito negro, toda una novedad en el guardarropa CK, le faltó esa noche un saco para estructurar.
Loas también para los equipos elegidos por Karina Rabolini, que en la gala de Cancillería encandiló a casi todos con un vestido laminado, y el lunes por la noche, en la Legislatura bonaerense, llamó la atención con un traje retro, color visón, con vestido y bolero con calado, mangas tres cuartos y cuello bien Poiret, el modisto de principios del siglo XX que liberó a la mujer del corset llevándola al otro extremo, el de las líneas lánguidas y cómodas.
Por lo demás, y volviendo a los traspasos de mando de estos días, quienes participaron de los encuentros oficiales votaron en general por la discreción. Tonos claros y pasteles, mucho blanco (el color del verano, a solas o combinado), pocos brillos y menos estampados, pese a que se usan, y mucho, fue regla entre invitados y autoridades nacionales y extranjeras. Una tónica perfil bajo, bastante alejada de otras no tan lejanas, cuando los estilos recargados no daban tregua y las cabezas platinadas, tampoco. Es que todo cambia.
cacevedo@lanacion.com.ar
Fuente
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