Ozzy Osbourne: Nunca me tomé en serio a mí mismo; siempre me reí de mí
Exclusivo. Hará un show en la Argentina el 26 de marzo. Antes, habló de su banda, de su familia y de esta nueva etapa.
En Fort Lauderdale, Florida, el feriado del 21 de febrero, por el aniversario del nacimiento de George Washington, llena la playa de turistas y locales que convierten los 200 m de arena que separan el North Ocean Boulevard del mar, en una Bristol del primer mundo.
Así las cosas, el paisaje que se ve desde el piso 14 del Atlantic Hotel invita mucho más a un daikiri a la poca sombra de una palmera que a una charla sobre murciélagos y palomas descabezadas. Sin embargo, el señor que entra a la habitación, ahora encorvado, y con pasos cortitos, como apurados, es el mismísimo Ozzy Osbourne, que unas 12 horas antes contagió con su “locura” y sus cualidades de comediante a casi 15 mil personas que cubrieron parte del Bank Atlantic Center.
De estricto negro con cruz al cuello, anillos en casi todos los dedos, que el Síndrome de Parkin no deja que se relajen, el hombre se acomoda en un sillón que mira al sol y no respeta convención satánica alguna. “Los rituales satánicos de la magia negra y toda esa mierda pueden tener algo de divertido, pero yo hago rock and roll. Y lo disfruto mucho”, dice, con tartamudeo incluido.
¿Siempre fue así? Siempre Puede haber shows mejores o peores. Pero, en todo caso, eso depende también de la respuesta del público. Ellos me dan una energía tremenda.
Debe ser muy poderosa, porque después de tantos años de adicciones y excesos, verte saltar, ir de un lado para otro y sostener un show de una hora y media, no es poca cosa.
Es lo que me sale. Haber dejado de fumar y de tomar alcohol, no consumir más drogas después de casi 40 años de hacerlo en grandes cantidades, me dio más fuerza. Tengo más energía ahora que en cualquier otro momento de mi vida.
¿Qué sensación te produce cantar canciones emblemáticas como “Paranoid”, “Suicide Solution” o “War Pigs”, tantos años después de haberlas escrito? La sensación es siempre la misma. Tengo una lista interminable de canciones entre las que puedo elegir el repertorio. Algunas las voy cambiando. Otras, en cambio, como Paranoid , son inevitables.
¿Por qué? Porque los fans quieren escucharlas. Cuando dejé Black Sabbath, y dejé de cantarlas, la gente me preguntaba por qué no las incluía. Y no se trata de que a esta altura alguien me venga a decir lo que tengo que cantar, pero si la canción tiene un buen groove, y yo me siento cómodo cantándola, la hago.
En el repertorio actual incluís sólo un tema de tu nuevo álbum. ¿Cuesta lograr que los fans le presten atención al material más reciente? Al tener tantas canciones para elegir, yo trato de hacer en parte un repaso de mi carrera. Algunas podrán gustarles a todos, otras sólo a algunos. De eso se trata un espectáculo de rock en la actualidad. En cuanto a los temas más nuevos, al comienzo de esta gira intenté poner tres o cuatro en la lista, y la respuesta era un montón de gente quieta, cruzada de brazos. Y mi trabajo es hacer que la gente la pase bien y, sobre todo, que se ponga loca.
De acuerdo a las estadísticas que, a los 62 años, Osbourne lleva de su prolongado vínculo con distintas sustancias, Scream es el segundo álbum que compuso y grabó sin estímulos químicos. Y asegura que la diferencia es notoria.
Sin embargo, rechaza el rol de predicador de la abstinencia en su entorno. “No me meto en lo que hacen mis músicos. Ellos saben lo que tienen que tocar, y lo único que me interesa es que lo hagan bien. Pero no soy su papá para decirles lo que tienen que hacer”, aclara.
Entre los músicos que acompañan a Ozzy en la etapa actual, la aparición del guitarrista Gus G en lugar de Zakk Wylde, compañero de ruta de Osbourne durante 20 años es uno de los datos más notorios.
“Zakk me ayudó mucho, mientras sostenía su propia banda, Black Label Society. Somos grandes amigos, sólo que ahora, finalmente, levantó vuelo. Zakk es un guitarrista increíble, y Gus, además de tocar bárbaro, es un músico hambriento por aprender”, explica.
Durante el concierto, recordaste a Tommy Iommi, con quien tuviste una cuestión legal por la propiedad del nombre de Black Sabbath. ¿Cómo es tu relación con él ahora? Somos muy buenos amigos. Ese fue un tema que le pedí a mi esposa, Sharon, que diera por terminado. Era nada más que algo comercial.
¿Existe la posibilidad de que vuelvan a reunir a la banda? No lo sé. Los dos estamos ocupados, y no es fácil decir sí, o no, y después tener que explicar por qué no. Lo cierto es que en este momento estoy haciendo muchas cosas.
¿Cómo explicás la vigencia de los temas de la banda, aún entre el público más joven? No puedo explicarlo, pero me halaga. Recuerdo cuando mi padre me decía que escuchara a Frank Sinatra. ‘¿Frank Sinatra?’, preguntaba yo con cara de asco. Esto es distinto.
¿Reconocés entre las bandas nuevas alguna heredera de tu estilo? No escucho bandas nuevas.
¿Y qué escuchás? Beatles, Led Zeppelin. Escucho todo lo que logre atravesar mi corazón, que me llegue al alma.
Con una historia plagada de leyendas que lo ponen ahí al lado del trono del propio Demonio, el Ozzy 2011 prefiere desligarse de esa impronta vampírica. “Nunca me tomé en serio nada de eso. Nunca me tomé en serio a mí mismo. Siempre me reí de mí”, dice.
¿De dónde sale, entonces, esa imagen que muchos tienen de vos? De la gente. La gente piensa cosas que no tienen nada que ver con la realidad. Yo soy un músico de rock and roll. Yo no soy Marilyn Manson, y toda su mierda del anticristo.
¿El reality “The Osbournes” también fue una forma de reírte de vos? No lo sé. Nunca vi el programa. Me pasé las 24 horas de cada uno de esos días absolutamente puesto.
¿Y cómo es tu relación con tu familia, fuera de lo que mostró la TV? Fantástica. Tengo cinco hijos y cinco nietos con los que todas las semanas estamos en contacto. De hecho, el más chico, Jack, acaba de filmar un documental acerca de mi vida.
Que el año pasado te dejó varado en Ushuaia, por culpa de la nieve.
Sí. Una isla en el fucking extremo del mundo. Muy interesante. Y lejos.
Un documental, un libro, premios, el homenaje del Major de Birmingham. ¿Imaginabas algo así al comienzo? No. Para nada. Cuando hice mi primer disco, con Black Sabbath, eso ya era fantástico. Todo esto es una bendición. Fui muy afortunado.
Además, tanto reconocimiento institucional certificaría que ya no creen que seas el anticristo.
No lo soy. Todos deberían saber que no es la misma persona la que está arriba del escenario y la que está abajo. Yo, acá, no soy el mismo al que viste anoche. Yo soy un performer profesional. De lo que hago en mi vida personal, nadie tiene la menor idea.
La última: ¿algo que decir sobre palomas y murciélagos? Nada.