Se entregaron ayer por la noche las estatuillas de los Independen Spirit; El cisne negro fue uno de los grandes ganadores de la ceremonia
LOS ANGELES.- Si el Oscar tiene este año como denominadores comunes un predominio de títulos surgidos del cine independiente y una visible renovación generacional, podría decirse con fundamento, al menos en un punto clave, que el éxito que acaba de obtener El cisne negro en la entrega de los premios Independent Spirit puede anticipar algo de lo que ocurrirá mañana durante la mayor fiesta de Hollywood.
Ese punto es el reconocimiento como mejor actriz protagónica a Natalie Portman, que al mismo tiempo aparece como la gran favorita para llevarse un galardón similar en la entrega del Oscar, dentro de pocas horas. El reconocimiento a Portman no marca tendencia alguna, ya que las cartas desde hace algunos días ya están echadas, pero sirve para entender sobre todo que las corrientes del cine independiente y el mainstream de los grandes estudios de Hollywood tienen cada vez más puntos de semejanza. De hecho, muchos de los nominados y participantes de la fiesta de los Independent Spirit son candidatos al Oscar y tendrán este domingo un lugar destacado en la ceremonia que se desarrollará en el teatro Kodak.
Es que la fiesta de los Independent Spirit es, precisamente, la celebración de un modo de encarar el cine y llevarlo adelante con mucha más informalidad y actitud espontánea de la que caracteriza al Hollywood de los grandes estudios. Por eso, la celebración consiste en un gran almuerzo servido para algo más de un millar de invitados, en el que a diferencia del Oscar, donde el protocolo es severo y se marcan distancias visibles entre los protagonistas y el público, todo resulta más laxo y abierto. Así, en la víspera del Oscar, invitados llegados desde diferentes partes del mundo pueden tener casi al alcance de la mano a estrellas que 24 horas después aparecen casi blindadas desde su llegada a la alfombra roja hasta el final de la ceremonia en el Kodak.
De hecho, puedo contar la experiencia en primera persona. Como parte de una delegación de periodistas llegados desde distintos puntos de América latina por invitación de la empresa Turner (uno de cuyos canales locales, I.Sat, retransmite la ceremonia a partir de la medianoche del domingo) fui uno de los casi 1200 invitados al almuerzo durante el cual se entregaron los premios. Allí estuve, en compañía de los colegas citados, sentado en la mesa contigua a la que compartieron Nicole Kidman, su esposo Keith Urban, Aaron Eckhart y John Cameron Mitchell (el director de Hedwig and the Angry Inch y Shortbus ). Casi no había restricciones para tomar contacto con ellos y con el resto de los invitados famosos, que fueron llegando al lugar tras recorrer una extensa alfombra "azul" (era de tonos grises, pero así se la denomina para marcar diferencias con la del Oscar) y atravesar una antesala en la que nadie ponía reparos para saludar y prestarse espontáneamente a las fotos.
La ceremonia se desarrolló en una gigantesca carpa especialmente armada a pocos metros de la línea costera del pacífico y separado apenas por una valla de las playas de Santa Mónica. Fue casi un milagro que el sol presidiera toda la jornada, alejando los pronósticos de lluvia que podrían haber provocado cientos de incomodidades en un lugar que sólo estaba preparado para una jornada de buen tiempo. Lo que nadie pudo evitar fue el padecimiento de un frío atípico para la soleada California. No hubo vestidos de largo, pero sí minifaldas y telas livianas que se convirtieron en un verdadero martirio para muchas de las damas presentes. Todos debieron ingeniárselas para procurarse algún abrigo, inclusive dentro de un salón que no estaba muy calefaccionado. De hecho, una de las víctimas de la desapacible jornada fue el menú, íntegramente conformado por platos fríos que en muchos casos quedaron intactos. Sí hubo, en cambio, mucho interés por las bebidas alcohólicas que en buen número y calidad poblaban también las mesas. Lo ejemplificó Lisa Cholodenko, la directora de Mi familia , que subió al escenario para recibir el premio al mejor guión con una botella de whisky Jameson de 1.75 litros bajo el brazo.
Fueron muchos y muy variados los nombres conocidos que dijeron presente. Desde las estrellas indiscutidas del Hollywood más vistoso como Kidman, Annette Bening y su esposo, Warren Beatty, Naomi Watts, Samuel L. Jackson, Uma Thurman, Ben Stiller y Jamie Foxx hasta lo más destacado de la escena independiente actual: James Franco (inminente maestro de ceremonias del Oscar), Jennifer Lawrence, Michelle Williams, Mark Ruffalo, Catherine Keener y Bill Murray, así como algunos de los directores que también estarán hoy en el Teatro Kodak pendientes del Oscar: Darren Aronofsky, Tom Hooper, Danny Boyle y la mencionada Cholodenko, además de un infaltable en estas ceremonias, John Waters. Todos ellos compartieron y festejaron una forma de hacer cine, representada por el premio John Cassavetes, que se otorga a las películas realizadas con presupuestos menores a los 500.000 dólares y que este año ganó Daddy Longlegs, de los hermanos Benny y Josh Safdie.
Quienes más festejaron fueron los artífices de El cisne negro , que recibió las estatuillas como mejor película, mejor director (Aronofsky) y mejor fotografía. Mi familia se llevó el premio al mejor guión y Lazos de sangre encontró sendos reconocimientos en las dos categorías de actores de reparto (Dale Dickey y John Hawkes). El premio al actor protagónico fue para James Franco ( 127 Horas ), en tanto El discurso del rey , la gran favorita para el inminente Oscar, ganó entre las películas extranjeras.
El otro detalle llamativo tuvo que ver con las características de la ceremonia, un almuerzo multitudinario que, entre nosotros, podría asemejarse al menos desde su escenografía básica a lo que ocurre con el Martín Fierro. Aquí, debido a las largas pausas impuestas por una emisión televisiva que no fue en vivo, sino grabada, los invitados encontraron la excusa perfecta para desplazarse por el salón desconociendo los tiempos de las pausas. Así, cada bloque encontró a muchos de pie, completamente ajenos a lo que decían el presentador Joel McHale y los distintos actores que iban anunciando los premios. Más de una vez se escuchó a un locutor en off advirtiendo perentoria y severamente a los invitados sobre la necesidad de permanecer sentados.
En los contados momentos en que esto ocurrió plenamente, como la apertura de la ceremonia, fue posible escuchar los vitriólicos y risueños comentarios de McHale, conocido por sus apariciones satíricas y críticas en el canal E! con su veta de comediante a pleno y sin complejo alguno para hacer crudas referencias sexuales, McHale le tomó el pelo a las películas y a sus protagonistas, y llevó adelante momentos que jamás podrían ser tolerados en el Oscar, como una curiosa inversión del segmento "in memoriam", donde se hablaba de futuro y se hacía referencia a personas bien vivas y presentes en el lugar con alardes de humor negro. Una de ellas hablaba, por ejemplo, de Jesse Eisenberg ( Red social ), citándolo como "asesinado" por su colega Michael Cera, mientras una violinista ejecutaba desde el escenario acordes melancólicos, único detalle simbólico de ese tipo dentro de una fiesta vivida con el espíritu descontracturado propio del tipo de cine que todos se dispusieron a celebrar.
Por Marcelo Stiletano
Enviado especial
Especial para lanacion.com