Una mañana muy temprano, el señor Gonzalez se dirige al colegio de su nieto Facundo, de 13 años. Acompaña piadosamente al muchachito, ya que Facu se llevó tres materias previas, por lo que tendrá que repetir primer año. El abuelo lo lleva con el brazo sobre el hombro, en ademán protector: ¿Quien no fue adolescente?
Mientras camina, González masculla sus maldiciones favoritas: ¡Esto es un caos! ¿A donde vamos a ir a parar, digo yo? ¡Ya no hay más respeto! ¿Para qué pago mis impuestos? ¡No tienen vergüenza!
González no se refiere a nada en particular, sino a todo en general. El mundo, la vida, la gente, el país, la juventud, las drogas, los crímenes, la época.
Abuelo y nieto llegan al colegio.
De pie en la puerta del establecimiento, los recibe una chica joven, de anteojos, con una abultada carpeta bajo el brazo. La tapa de la carpeta lleva una gran foto del "Che" Guevara. Aquella tan famosa, en la que toma mate con mirada pensativa.
- Soy la tutora psicopedagógica ¿Qué querés?
-Soy el señor González. Este es mi nieto, Facundo. Lo estoy acompañando porque la mamá está embarazada, no se siente bien. Y mi yerno, o sea el papá de este jovencito, se encuentra en viaje de negocios, en China. ¿Qué le parece? Facu ha repetido primer año, porque se llevó tres materias previas, así que quisiera saber qué división le toca, en fin, ese tipo de cosas...
-Un segundo señor. Permítame, voy a consultar el Vademecum de Contenidos Educativos Pro-Inclusión. A ver...¿Facundo, Facundo, Facundo...? ¡Aquí está! ¿Facundo González?
-Sí, señorita, porque mi hija no está casada con el papá de este niño, entonces, como hubo un inconveniente, una cosa burocrática, le quedó el apellido de su mamá, usted sabe como son estas co...
-¡Acá está! Facundo González no repitió, señor. Pasa a segundo año.
-¡Pero si le pusieron cero en el examen de Matemáticas! ¿Verdad Facu?
-Sí, abu. Me puso cero la profe. Es que me tiene bronca.
-El examen ha sido rectificado por la Dirección Provincial Anti-Discriminación. Facundo ya está en segundo año.
-¡Caramba! -exclama González-, me parece raro. A ver, Facu: ¿Cuando es dos más dos?
-Cinco, abu,
-¿No ve, señorita? Este chico no puede pasar a segundo año, lo digo con todo el dolor del alma... ¡Mire si le toca ser contador, o Ingeniero de Yacyretá, o Ministro de Economía!
- Comprendo, señor González. Bueno, diríjase a la Comisaría de Objeciones Ideológicas, en el segundo piso. Pregunte por el profesor García. Pero, desde ya, le digo que, para nosotros, lo importante es la Inclusión. El alumno puede saber mucho o poco, pero nunca debe ser expulsado del sistema educativo. No sé si me entiende.
-Sí, de acuerdo, de acuerdo. Bueno, yo soy un poco antiguo. Voy a hablar con el Profesor García.
Mientras suben lentamente la escalera de mármol, el nieto tironea de la manga al abuelo:
- Qué te pasa, abu? ¿Te falta un jugador? ¡Lo importante es que zafé! Si se equivocaron, mejor. ¿Vas a protestar porque pasé de año?
-Hay que averiguar bien las cosas para saber dónde estamos parados -insiste el abuelo-.
Al cabo de un cuarto de hora, entran al despacho del profesor García. Hay allí, en la sala de espera, varios alumnos y alumnas con sus padres, madres y abuelos.
Una señora gorda llora amargamente, sonándose la nariz con un pañolón de hilo blanco. González se acerca, para consolarla.
-Vamos, vamos, señora. No lo tome así. ¿Qué pasó? ¿Le bocharon al nene o a la nena? ¿Lo hicieron repetir el año? ¡A veces es mejor, señora! Lo importante es que aprendan, aunque cueste trabajo y disgustos...
-¡Ay, no, señor, usted no sabe la canallada que me han hecho! ¡Este profesor García me va a tener que escuchar! ¡Esto es una barbaridad! ¡Me arruinaron la vida! Esta es mi hija: mire la cara de burra que tiene.
Una muchachita de trenzas, sentada en una larga bancada, mira muy seria a González, sonrojándose.
-A ver nena, decile al señor: ¿Cuánto es tres por tres?
-Diez, mamá. Ya le contesté a la profesora...
-¿No ve, señor? ¡Esa es mi nena! ¡Una burra perfecta! ¡No tiene idea de nada! Y sin embargo me la han hecho pasar de año. Yo tengo cuatro hijos, los cuatro repetidores desde hace tres temporadas. Vengo cobrando los cuatro subsidios especiales para repetidores. Porque el padre de mis hijos, flor de borracho, hace mucho tiempo que no aporta. Entonces, yo vivo de los cuatro subsidios. ¡Si me sacan un subsidio pierdo el 25 por ciento de mis ingresos! ¡A mí no me pueden hacer esto! ¡Somos una familia humilde! ¿A dónde vamos a ir a parar? ¡Si los mando, para que aprendan algo, a un colegio privado, aunque sea el más barato, el de la parroquia, me sacan la Asignación Universal por Hijo! ¡Estoy acorralada, señor!
Desconcertado, el señor González pone cara de circunstancias. Decide renunciar a la entrevista con el profesor García.
Tomados del brazo, abuelo y nieto se retiran de la sala de audiencias del profesor García. El alumno (que zafó por un pelito, y por lo tanto está feliz) encuentra rápido a sus compañeros del año pasado.
Todo vuelve a la normalidad.
González se dirige, ya solo y cumplida su misión de abuelo, a la parada de taxis. Lo esperan en el trabajo.
Mientras viaja hacia la oficina, piensa en su nieto: "Facu podría conseguir un subsidio. A los repetidores, a los burros, a los desocupados, a los discriminados, a los excluidos... pero algún día tendrá treinta o cuarenta años, y ya no habrá subsidios para Facundo. Ni tampoco Tutorías de Inclusión. ¿Qué será de su vida?".
El taxi se detiene de golpe. Un piquete. Estruendoso atascamiento de tránsito. Gritos, bombos, insultos, piedrazos, policías. Son los docentes, los camioneros, los ferroviarios, los alumnos del Nacional Buenos Aires, los del Pellegrini, los habitantes de la Villa 31 y los tercerizados, exigiendo que los incorporen a la planta permanente, les blanqueen las sumas no remunerativas percibidas en negro, y que reincorporen a los compañeros despedidos sin causa.
En total 36 manifestantes.
El taxista masculla:
-¡Esto es un caos! ¿A donde vamos a parar? ¡Ya no hay respeto! ¿Para qué pago mis impuestos! ¡Lo que no tienen es vergüenza!