Muchos se preguntan qué hay detrás de las declaraciones de la diputada Diana Conti en favor de una reforma constitucional que posibilite la reelección eterna de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Se trata de una propuesta que suena inoportuna e innecesaria cuando ni siquiera se sabe si la actual jefa del Estado podrá ser reelegida en los comicios de octubre de este año.
Se trata también de una idea de muy difícil concreción, teniendo en cuenta que la declaración de la necesidad de una reforma constitucional requiere del apoyo de las dos terceras partes de los miembros del Congreso, un porcentaje con el cual el kirchnerismo está muy lejos de contar hoy y probablemente también lo esté después del recambio legislativo de diciembre próximo.
¿Cuál es el propósito, entonces, de inflar semejante globo de ensayo? Simplemente, crear conciencia en la opinión pública y en parte de la clase dirigente de que el oficialismo kirchnerista ya tiene asegurado el triunfo en las próximas elecciones, por lo que ya puede empezar a pensar en otros objetivos mucho más lejanos.
El mensaje kirchnerista está orientado fundamentalmente a unificar a los sectores del peronismo más cercanos al Gobierno y a los llamados sectores progresistas detrás de la candidatura de Cristina Kirchner. Y, de paso, alejar el peligro de que algunos otros dirigentes peronistas, inseguros sobre las reales probabilidades de triunfo de la Presidenta, puedan plantear la alternativa de Daniel Scioli como candidato a presidente de la Nación.
Según algunos funcionarios del kirchnerismo, las encuestas en su poder dan cuenta de un seguro triunfo de la primera mandataria en la primera vuelta electoral. Esos datos difieren de otros sondeos privados, como el de Management & Fit, que sólo arroja una intención de voto para Cristina Kirchner del 27 por ciento en la última medición, correspondiente a febrero.
Para imponerse en la primera vuelta, la Presidenta debería obtener el 45 por ciento de los votos; esto es, una adhesión similar a la que obtuvo en 2007, cuando fue elegida sucesora de Néstor Kirchner. Pero desde entonces, su imagen positiva cayó y la jefa del Estado perdió el vital apoyo de sectores rurales y de segmentos medios urbanos tras el prolongado conflicto con el campo.
La Presidenta también podría ganar en la primera vuelta si llega al 40 por ciento de votos y supera por más de diez puntos a su rival más cercano. A este objetivo apuestan los principales estrategas del kirchnerismo. Y para sumar a los descreídos, creen que no hay nada mejor que sembrar la sensación de que Cristina ya ganó.
Por Fernando Laborda
Especial para lanacion.com
Twitter: @flaborda