Repaso por las novedades vitivinícolas de algunas bodegas pequeñas y medianas de la provincia.
Explicando
En Mendoza, cuando se merodea libremente, se encuentra todavía a personajes entrañables, queribles, relacionados con el mundo del vino. Para mí, uno de esos supervivientes es don Ángel Mendoza, dueño de su pequeña bodega y viñedo, ubicado en Lunlunta y que se llama Domaine St. Diego.
La bodega es un family-picnic
Mientras se está parado en los viñedos charlando con Ángel, pasa Rosalía su mujer con una carretilla con no sé qué. Llega una camioneta, y dice: "Es Lucas, mi hijo, el enólogo de la bodega.". Pasa otro con unos tanques de plástico enormes y vacíos, y Ángel explica: "Es Juan, mi otro hijo que se ocupa de la administración.". Hay un sala donde se escucha que alguien da explicaciones en inglés a los visitantes, y el patriarca vuelve a informar: "Es María Laura, mi hija.".
Datos
La bodega está ubicada en un predio de 4 hectáreas. Dentro de ella hay una suerte de circuito turístico, que lleva a los visitantes a tener una vista desde arriba. Al ascender una lomada, aparece un espacio con lugar para sentarse a la sombra, donde quedarse mirando los viñedos que aparecen hasta donde se pierde la vista, sumada la vieja iglesia que muestra orgullosa sus gastados ladrillos. Sentado en ese lugar me quedé un rato largo pensando y disfrutando de esa tranquilidad única que cualquier porteño sensato envidiaría.
Este esfuerzo lo comenzaron Ángel y Rosalía en 1988, luego que Ángel hiciera una carrera profesional impecable dentro de la Bodega Trapiche. Cualquier miembro de la familia Pulenta puede testimoniar el aprecio personal y profesional que sienten todos por él.
Su capacidad de vasija, como se dice, ronda los 120.000 litros y en su sala de barricas conté unas 50. Lo que hoy se llama una bodega boutique.
Habla la experiencia
Cuando Ángel Mendoza habla, se puede decir que cada frase es una suerte de aforismo. Hay que estar con la libreta y el lápiz atento para que no se escape nada. Por ejemplo, cuando le pregunté si era o no rentable una bodega como la suya, la respuesta fue de sabio chino: "hay que plantar al comienzo, una enredadera del tipo 'enamorada del muro'. Cuando la enredadera llega a los 5 metros de altura, se comienza a ver la plata."
No es hombre enamorado de trastocar el sabor del vino abusando de la madera, y distingue hablar del aroma del bouquet. "El primero se aprecia cuando el vino está recién hecho. El segundo lo usamos cuando el vino maduró a partir de los 9 meses en botella".
Le hago notar que parte de un viñedo está a la sombra de un pequeño monte de olivos. "Antonio Pulenta me dijo que era un burro al dejar esos olivos donde estaban. Pero yo, gracias a ese Malbec sombreado, hago un blanc de noir, con el que consigo un espumoso aplicando el método charmat ".
Resultado de su alejamiento de la madera es su vino Paradigma, que apenas vio la madera de lejos, un assamblage de Malbec, Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon, que recuerda orgulloso que se lo elogió Fernando Vidal Buzzi.
Le menciono a mi admirado Carmelo Patti: "con Carmelo somos los primeros que pusimos nuestras bodegas habiendo trabajado en las más grandes; y ambos ya tenemos más de 10 cosechas". Luego le menciono a los grandes venidos de afuera: "Michel Rolland, Paul Hobbs, Alberto Antonini producen vinos que van de mayor a menor acidez. Paul Hobbs es el equilibrio".
Pura Sangre 2009
Compartí su comentario, pero es mejor escucharlo de sus labios: "Es un vino jugoso, 80% Malbec y 20% Cabernet. Estuvo en madera nueva. Cultivado en espaldar alto, para que las uvas de abajo maduren más lentamente y le aporten más acidez. Tiene mucha 'cereza' y se nota que ya tiene nueve lunas".
Pura Sangre 2005
Hace unos años serví en una comida de The Fork Club este Pura Sangre de entonces, y causó sensación. Al probar éste sentí mayor placer, porque pude disfrutar de su evolución. "Un vino de guarda no debe dejar ver el dedo de uno cuando lo pone del otro lado de la copa. Si se ve, es un clarete, un vino maricón.". Angel Mendoza es de los hombres que hay que visitar cuando se vuelve a Mendoza, pero más que una visita a un amigo, es un disfrute completo.
Viña Alicia
Si se está merodeando en Lunlunta , hay que hacer una pasada por esta bodega, y rogar que esté en casa Rodrigo Arizu, otro de los hijos de Alberto el pope de Luigi Bosca, para conocer esta suerte de laboratorio a cielo abierto. Alicia Mateu, la madre de Rodrigo y esposa de Alberto, tenía este viñedo y resolvió darle andamiento con el menor de sus tres hijos (los otros son Alberto y Gustavo). El resultado es una bodega que cuenta con 25 hectáreas de viñedos y una sala con 200 barricas.
Se puso en funcionamiento en 1998, y si bien es un emprendimiento comercial, tiene de laboratorio que allí se plantan variedades de uvas para ver su adaptación al terroir local. Y así como están las inevitables Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Petit Verdot, Merlot, Rodrigo nos muestra viñas de Riesling, Carignan, Nebbiolo o Grenache Noir, entre otras, que no sé de su existencia en otra parte de Mendoza o nuestro país. Sospecho que el Nebbiolo debe estar presente en algún lado, porque recuerdo haber tomado de chico uno que vendía mi padre con la marca "Dos Leones", que venía en botella Magnum.
Rodrigo explica que la totalidad de la producción del Viña Alicia, unas 20.000 botellas, se exporta. Caminar el interior de la bodega es comprobar que se puede trabajar en un ambiente de asepsia, que tanto bien le hace a un producto vivo como es el vino. A veces sospecho que si a estos Arizu un día les pincho el dedo y bebo su sangre.¡encontraré que es vino tinto!
Tempus Alba
Al dueño de esta bodega, Aldo Biondolillo, lo conocí en una cena en la Embajada Argentina en Lima, donde diversos productores argentinos, presentaban sus productos a dueños de restaurantes locales. Allí estaba Aldo con su mujer y su vino. La bodega queda en Coquimbito , en el departamento de Maipú. Otro típico family-picnic, donde el enólogo es José Luis; el agrónomo Leonardo; y mi anfitrión en la bodega, Mariano. Todos Biondolillos. Que en realidad ya llevan 5 generaciones en el mundo del vino.
Vi lo de siempre: viñedos impecables, con toda la tecnología aplicada. Bodega ídem, que en su sala de cata tiene la mesa familiar donde se amasaba y comía la pasta, y en la que se sienta la familia a tomar las grandes decisiones empresarias. Y el añadido del aprovechamiento turístico a través de un restaurante repleto de ciclistas que acuden a él para reponer sus fuerzas. Marino dixit: "Es impresionante como esto nos ha ayudado a disponer de una caja constante, lo que es una gran ayuda para la bodega".
Se provee de la uva, además de las que se producen en ésta finca donde está ubicada la bodega que se llama El Retorno, de otras dos más que se llaman San Antonio y La Alborada, que totalizan una superficie de 110 hectáreas de viñedos. De allí salen los Tempus varietales de Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Syrah, Malbec. Un assamblage que varía de año en año que es el Tempus Pleno, que cosechó varios premios, y la estrella de la bodega, según dicen un homenaje a los nietos que comienzan a poblar la familia, y que es el Tempus Vero, del que probé el 2007 y me pareció espectacular.
Conclusión
No se prive de merodear por las bodegas mendocinas, casi como dejándose llevar. Las bodegas grandes valen la pena por sus magníficas construcciones, sus vinos y enormes viñedos, pero las bodegas chicas y medianas tienen ese ingrediente familiar y personal, que nos dejan un recuerdo de su cordialidad y afecto para siempre.
Miscelánea restauranteur. Visitar la bodega Chandon en Mendoza es, desde siempre, un encuentro con amigos. En esta oportunidad conocí el restaurante que regentea el chef Marcos Zavaleta, que obviamente, está abierto al público, aunque aconsejo reservar previamente. Compartí la mesa con Onofre Arcos, enólogo de la bodega desde 1974, luego de que catáramos una variedad de espumosos prontos a salir al mercado -me quedé con el Baron B Rosée y el maravilloso a base de Pinot Noir-.Fueron de la partida Alfredo Ruiz Pose, que mostró buen diente, y dos espadas de Onofre, que al no darme sus tarjetas, las brumas de mi mente los ha relegado injustamente al olvido. Zavaleta es un chef en toda la línea, con una capacidad histriónica fabulosa, que ha elaborado un menú para experimentarlo con los distintos espumantes de la casa. Me quedé con un plato de carne de chivo, que espero repetir pronto, y que escapa de la tendencia que acaba de lapidar Francis Mallman al decir "muy lindas las espumitas, pero eso no es comer.".
Miscelánea restauranteur II. Carlos Pallarols me llevó a la vuelta del Parque Lezama, a Caseros al 400, a conocer Hierbabuena, un restaurante naturista, con excelentes jugos y limonadas, donde comí cosas deliciosas y a un precio muy conveniente. Caseros allí es una avenida de doble mano, con su centro parquizado magníficamente. Todo indica que posiblemente se desarrolle otro distrito gastronómico.
Miscelánea restauranteur III. En el Palacio Errázuriz está el original Croque Madame. Tuve una atención impecable de un mozo colombiano, pero amén de haber comido regular, me quedé mudo de los precios. Le paso un dato: una bocha de helado la cobran $30. Comparo, en La Retirada, en la plaza Serrano, un helado de 3 bochas me lo cobraron $22. Eso sí, en el Croque todos, menos en mi mesa, eran extranjeros.que con la moda de aplicarle estos precios, dudo que vuelvan al país, no solo a este restaurante.Después no nos quejemos.
Por Alejandro Maglione
amaglione@lanacion.com.ar
Especial para ConexionBrando