En nuestro último viaje a Francia, antes de instalarnos diez días en la infaltable París, decidimos recorrer el sur de Francia, la Provence, visitando y conociendo las ciudades y los pueblos próximos a la soñada Costa Azul.
Terminando la gira, desde Niza nos dirigimos unos 18 kilómetros al Noroeste y llegamos a Saint Paul de Vence, una antigua colina a 150 metros, entre los Alpes y el Mediterráneo, sin duda una de las más hermosas villas de la Provence.
Allí pudimos disfrutar de su patrimonio histórico, el interior de sus murallas, torres, capillas y campanarios, el patrimonio religioso, sus calles rocosas, y compartir la vida cotidiana de sus habitantes; incluido el juego de la petanca, típico juego provenzal en la más famosa Plaza de Petanca del mundo (incluido el préstamo de las bochas).
La gastronomía, los mercados a la calle llenos de colores y sabores, sus hoteles históricos que sirvieron de alojamiento a tantas personalidades famosas: artesanos, pintores, escultores y artistas de la belle époque como Yves Montand, que pasaban sus vacaciones allí y disfrutaban de su encanto.
Caminar por sus callecitas históricas, angostas, con pronunciadas pendientes es como detenerse en el tiempo, disfrutando de la auténtica vida del pueblo, con su café bien típico, sus fiestas tradicionales, animaciones y eventos, que permiten disfrutar a pleno algo diferente.
El patrimonio histórico y cultural incluye desde los museos de Saint Paul hasta la Fundación Maeght, inaugurada en 1964 por André Malraux, con su enorme colección de pinturas y esculturas de arte moderno y contemporáneo, única en Europa.
Al igual que el Museo de Historia local, estos lugares hacen revivir los grandes momentos de Saint Paul.
Durante el recorrido también nos maravillamos con la Puerta de Vence del siglo XIV en la entrada de la ciudad, las vistas panorámicas sobre los viñedos y sobre Saint Jeannet, el cementerio, la tumba de Marc Chagall, el museo de Saint Paul, la Gran Fuente de 1850, la torre del Esperon (antigua prisión) y la capilla de los Penitentes Blancos del siglo XVII, todas referencias históricas que permiten descubrir nuevas sensaciones para estimular los sentidos.