En algún momento fue la Cenicienta de los medios, pero la tecnología le permite ser cada vez más versátil
Ni en el lugar del escándalo barato, como la TV, ni cuestionada por el Gobierno y sus militantes, como los grandes diarios y alguna señal de noticias, la radio, en algún momento considerada la Cenicienta de los medios, hoy se afirma como una versátil lancha rápida que navega con prestancia por el habitualmente encrespado mar argentino de las controversias, mientras los grandes trasatlánticos mediáticos se encuentran con que tienen que cambiar urgentemente de rumbo, aunque no saben bien para qué lado.
Sus ingresos, como siempre, siguen siendo insignificantes si se los compara con el grueso de la inversión publicitaria en medios. Según la Cámara Argentina de Agencias de Medios (CAAM), durante 2010 la cifra global alcanzada en ese rubro fue de 12.340 millones de pesos, un 38,6 por ciento más que el año anterior. La porción que se llevó la radio porteña equivalió apenas al 3,2 por ciento del total, es decir 396 millones (un 27,6 por ciento más que en 2009).
Pero salvo en eso, los demás factores parecen favorecerla, especialmente la tecnología que amplió su campo y hoy es posible oírla, vía computadora, aquí o en cualquier parte del mundo, además de ampliar sus formatos (audioblogs, podcast , streaming , contenidos para celulares, etcétera) con facilidades no sólo disponibles para la industria, sino también para el usuario (que hasta puede armar su propia radio online mediante sitios, como http://www.spreaker.com ).
Aun faltando varios meses, ya se percibe el clima preelectoral en la radio. La incorporación de más periodistas y columnistas de otros medios (especialmente del gráfico) es un hecho palpable en esta temporada y un denominador común de la mayoría de las emisoras. Hasta periodistas de otros "palos" (chimenteros, deportivos) se asoman como conductores de programas de interés general en horarios centrales, mientras las señales oficialistas (con Radio Nacional a la cabeza y la red informal de emisoras "amigas") se atiborran de firmas provenientes de las publicaciones afines.
También la Copa América, en julio, pondrá su propia cuota de efervescencia y llenará el éter de goles y comentarios sobre ese torneo.
"La radio es gratis, va a domicilio y no se suspende por mal tiempo", escribe Fernando Bravo en su libro autobiográfico de reciente aparición ( Mi domicilio es el aire/40 años de radio y televisión , Aguilar, Buenos Aires, 2010). El conocido animador ha tenido mucho que ver con el rescate del hasta no hace tanto tiempo alicaído horario de la tarde con su relajado programa Bravo. Continental que, de alguna manera, ha inspirado y potenciado programas similares, más distendidos y arrevistados en otras importantes señales.
Son interesantes algunas de las reflexiones que este popular comunicador hace en su libro al analizar el medio al que ha consagrado la mayor parte de su vida. "La radio -opina- no se ocupa de la radio, mientras que la tele no se cansa de hablar de la tele, hasta el punto de reciclarse y vivir de sí misma."
La radio siempre ha sonado, y sigue sonando, más espontánea tal vez, precisamente, porque no ha tenido que lidiar con el culto que hace de la imagen su hermana menor, la TV. Parte de esa candorosa magia (que todo se concentre exclusivamente en los sonidos), sin embargo, ha comenzado a perderse. Cada vez más programas incorporan cámaras para subir esas imágenes a Internet y están presentes en las redes sociales Facebook y Twitter con distintos materiales y fotos.
La incorporación de monitores de TV y computadoras a los estudios de radio también cambiaron su metabolismo: se rompió el tradicional monopolio de la atención sobre los diarios en papel, para estar también muy pendiente de las novedades que lanzan los canales de noticias y las páginas de Internet. Sumado a eso, la creciente interactividad con el oyente (llamadas grabadas o en vivo, lectura de mensajes, participación en concursos), la radio ha perdido concentración, contrastes y matices. Todo se parece un poco a todo. El programa en el que se habla de cualquier cosa (con un conductor a cargo y varios columnistas alrededor) es el esquema más transitado y, por supuesto, las noticias, el deporte, la música y el humor siguen siendo sus otros pilares en los que se apoya.
Según mediciones de Ibope, la audiencia de la radio se mantiene bastante estable, más en la FM que en la AM, donde disminuye lentamente a favor de aquélla, que tiene más del doble de audiencia que el sistema más antiguo.
La delantera en AM continúa, como desde hace doce años, en manos de la 10. El año pasado alcanzó un share del 30,07, escoltada a lo lejos por Mitre (20,3) y Continental (13,3). En FM, las tres sintonías más escuchadas son la 100 (10,7), la Pop (9,6) y la Rock and Pop (9,3).
Habrá que ver ahora qué transformaciones ocasiona en la radiofonía la ley de medios, no sólo por la aparición de nuevos jugadores, sino por la exigencia de emitir por lo menos un 30 por ciento de temas nacionales y que un 50 por ciento de la música puesta en el aire esté producida de manera independiente, más la imposibilidad de armar cadenas.
Seguramente, como tantas otras veces cuando se vio acorralada, la radio convertirá las acechanzas en desafíos y encontrará como siempre una inesperada puerta por donde escapar y seguir adelante.