Simular, la moda que se impone en el fútbol argentino
Hay jugadores que lo admiten abiertamente, y otros hasta lo legitiman.
En la última fecha del Apertura, Damián Díaz se tiró al piso aparatosamente tomándose el rostro, después de disputar una pelota con Mario Méndez. El volante de Central simuló que el mexicano de Vélez le aplicó un codazo y el árbitro Diego Abal compró. ¿Conclusión? Injusta roja para Méndez, cuyos ruegos para que el árbitro creyera su inocencia resultaron vanos.
Al día siguiente, en el clásico que San Lorenzo le ganó a Independiente, Lucas Mareque apenas lo tocó a Diego Rivero al ir a disputar una pelota. El volante de San Lorenzo voló como si en la cancha de Racing hubiera agua en lugar de césped y Carlos Maglio le aplicó la segunda amarilla a Mareque. ¿Segunda conclusión? Otra injusta expulsión.
Se trata de dos acciones elegidas de manera casi azarosa, pero que sirven para ilustrar uno de los vicios principales de los futbolistas argentinos: la simulación. Y la artimaña está tan instalada que muchos de los protagonistas la admiten abiertamente y algunos hasta la legitiman. Ariel Ortega, uno de los especialistas en la materia, reconoce: "La mitad de los penales que me cobraron, no fueron". Y Osvaldo Ardiles, el técnico de Huracán, parece avalarla: "El tema de la simulación es algo propio del jugador argentino, pero no creo que haya que tomarlo como algo grave. Es sólo una picardía como cualquier otra".
El colombiano Jairo Patiño, en cambio, tiene una mirada muy crítica del tema. "Yo creo que hay códigos entre los futbolistas que acá no se respetan. En Europa todavía existen, pero en América Latina no pasa lo mismo. Aquí se trata de sacar ventajas todo el tiempo, se provoca al rival, se simula. Eso a veces te trae consecuencias a favor, pero también te puede jugar en contra por una amonestación. Nosotros pecamos en ese sentido y eso también hace que los árbitros se confundan", reflexiona. De todos modos, el volante de Banfield aclara que no todo es culpa de los jugadores: "A veces, hasta los técnicos nos piden que hagamos tiempo simulando una infracción para que entre el camillero".
Basta con hacer una rápida comparación entre lo que ocurre en las canchas argentinas y lo que sucede en los estadios europeos para caer rápidamente en la cuenta de que éste es un mal típicamente criollo.
El psicólogo Darío Mendelsohn, quien trabajó en Huracán, Lanús, Chacarita y Platense, entre otros clubes, coincide con esta teoría: "En otros países se ven casos de simulaciones, pero no tan permanentes ni tan marcados como acá. Todo esto tiene que ver con una cuestión cultural de pérdida de respeto y de valores en general, pero que en el fútbol se ve aumentado".
Diego Cagna cree que lo más apropiado sería poner las cosas en su justo lugar. Para el técnico de Tigre, "hay jugadores que simulan y otros que no", lo cual no deja de ser cierto. "Por ahí, los que simulan lo hacen inconscientemente en busca de sacar alguna ventaja para ganar", agrega.
Las simulaciones no sólo se dan a la hora de querer vender una infracción. Aunque en mucho menor medida, también existen las que apuntan a sacar provecho de la resolución de alguna jugada. ¿El caso paradigmático? La Mano de Dios que Diego Maradona patentó en 1986 ante Inglaterra. Sobre esa jugada histórica, Jorge Valdano dijo alguna vez: "Diego sintió tanta culpa por el primer gol contra los ingleses que después hizo el segundo". La frase de Valdano fue más poética que real: en el fútbol actual, ganar parece valer muchísimo más que los modos de conseguirlo.