La prensa lo critica por sus dudosas amistades y sus costosos viajes; Cameron lo respaldó
LONDRES.- ¿Es usted una vergüenza para el país?, preguntó ayer ante las cámaras de televisión un periodista al príncipe Andrés, cuando se dirigía a una reunión. El duque de York y segundo hijo de la reina de Inglaterra no respondió. Sin embargo, lo que no podrá silenciar es el debate en torno a su futuro como representante para el comercio exterior británico.
El escándalo, que podría costarle el trabajo al príncipe, de 51 años, estalló la semana pasada, cuando la prensa británica publicó dos fotos polémicas.
En una de ellas se ve al príncipe paseándose en Nueva York con el empresario norteamericano Jeffrey Epstein, que estuvo en prisión durante 18 meses por abusar sexualmente de menores. La otra foto, que fue tomada en 2001, muestra a Andrés agarrando de la cintura a Virginia Roberts, una chica de 17 años masajista privada de Epstein. Al parecer, también el príncipe habría recibido un masaje de la joven, aunque sin ningún contacto sexual, en la casa de Epstein en Florida.
Pero las historias escandalosas de Andrés no terminan aquí. También se lo critica por sus contactos con otras personas de dudosa reputación. El príncipe se reunió con el yerno del ex presidente tunecino Ben Alí tres meses antes del derrocamiento del régimen, con los hijos de Muammar Khadafy en 2007 y con Tarek Kaituni, un traficante de armas libio.
La negativa del príncipe Andrés a dejar de ser el representante especial de comercio internacional e inversión también pone en un aprieto a Downing Street. Durante el último fin de semana, algunas fuentes próximas al primer ministro David Cameron filtraron a la prensa detalles sobre el escándalo y la situación parecía clara: el gobierno estaba entregando material a la prensa, con lo que el fin en el cargo de su alteza estaba ya decidido.
Pero el ex marido de "Fergie", también conocido como "Air Miles Andy" (algo así como el príncipe acumulamillas), se negó a dejar el puesto.Y en realidad nadie lo puede echar.
Aparte de que en Gran Bretaña no se le puede pedir a un miembro de la Casa Real que deje su puesto, el cargo de Andrés es honorífico. Sin embargo, el trabajo del príncipe cuesta anualmente una fortuna. Tan sólo el año pasado sus viajes costaron más de medio millón de euros.
Ayer no le quedó otro remedio a Downing Street que defender al príncipe Andrés. "Tenemos confianza plena en su trabajo", dijo el primer ministro, David Cameron. No obstante, la BBC afirmó que había "diferencias sustanciales" entre lo que el gobierno dice ante las cámaras y a puertas cerradas.
El ministro de Economía, Vince Cable, fue el único que admitió públicamente que existen conversaciones "sobre el futuro" del príncipe. Y el político laborista Chris Bryant sí contestó a la pregunta que el periodista le hizo al príncipe: "Me temo -dijo- que se ha convertido en una vergüenza nacional".
El escándalo del duque de York estalló en momentos en que la familia real británica está en el centro de la atención pública, cuando falta poco más de un mes para la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton.