Entrevista Tony Levin. El bajista de King Crimson se presenta hoy con el instrumento que mezcla guitarra y bajo.
Con la cortesía que le da sentirse como en su casa, Tony Levin propone la cabina del operador de la sala de ensayo de Villa Ortuzar, donde hace tres días que ensaya con Pat Mastelotto y Marcus Reuter como locación para la entrevista. Al mismo tiempo, de otra de las salas sale Luis Alberto Spinetta y se cruza con el bajista histórico de Peter Gabriel y del modelo post 70’s de King Crimson, y el cruce dura lo suficiente como para que sus músicos Claudio Cardone y Matías Méndez se lleven una foto junto al hombre de 64 años que popularizó el sonido del stick y que le puso su impronta de bajista a cientos de grabaciones.
Recién entonces invita a una charla que les da tiempo a Mastelotto y Reuter para repasar parte del repertorio de la gira argentina 2011 –que arrancó al día siguiente de la entrevista en Tucumán, para luego seguir en Córdoba y Rosario, y que ya tuvo su primera fecha porteña, ayer en el ND Ateneo, donde repite esta noche-.Y confiesa que esta visita –“la cuarta o quinta que hago a Buenos Aires”, duda- tiene alguna reminiscencia de cuando, con King Crimson, pasó casi un mes en la Argentina.
“Sólo que en vez de aprovechar los días para pasear y practicar mi castellano, desde que llegamos estamos metidos en la sala, ensayando”, dice Levin, que a la presentación de Soup, el disco iniciático de su proyecto Stick Men, le agregará buena parte, sino todo el material de Absalom, un EP recién salido del horno. “El nuevo material es bastante difícil. Además, queremos hacer más temas de Crimson que el año pasado. Entre ellos, Vroom Vroom, que es bastante difícil”, explica.
La incorporación de Reuter, en touch guitar, coincidió con un cambio de repertorio que acompañó la preparación de los discos del trío. El músico cuenta que usaron el estudio de Mastelotto como base para escribir y grabar el material, que después fue cambiando con el aporte individual de cada uno.
En la página de Pat hay un link que muestra la evolución diaria de Smudge, uno de los temas del EP, que nació como un bosquejo y al que le fueron agregando armonías, texturas. ¿Siempre trabajan de esa manera?
Depende. Yo también subí a mi website la evolución de Absalom. Y es muy diferente. Porque era una canción que yo había escrito con letra. No es que fuera una muy buena canción, pero era interesante. Sólo que cuando la toqué para ellos, aparecieron nuevos elementos que me hicieron dejar de lado la letra y, a partir de aquella idea germinal, generar algo completamente nuevo. Es otra manera de trabajar.
¿Pero la idea del tema siempre es previa a entrar en el estudio?
No siempre. En el caso de estos discos, Markus, quien ya había estado en una banda con Pat, trajo algunos temas que nunca habían grabado, del mismo modo que yo también llevé al estudio algunas cosas que tenía ya hechas. Pero también ocurrió que a lo mejor aparecía un riff, sólo una idea, y trabajábamos sobre ella. También puede pasar que no haya nuevas ideas. Entonces, si lo que tenés da para hacer un álbum, adelante. Sino, como sucedió con Absalon, si hay canciones que aún no están listas para ser grabadas, optás por hacer un EP. No obstante, yo creo que a la larga, cuando estén listas las otras, pasarán todos a formar parte de un CD completo.
Eso, en cuanto a la manera de trabajar la idea, pero, ¿cuál es el origen de esas ideas que se convertirán en canciones? ¿Es sólo cuestión de inspiración, hay una melodía en tu cabeza, una imagen?
Para mí, hay diferentes formas de iniciar una canción. Generalmente, las ideas me surgen mientras estoy manejando. Yo manejo mucho, y tengo papel para escribir música. Así que paro y escribo la idea que tengo. En lo posible no escribo mientras manejo, porque es un poco peligroso. Pero lo que hago es transcribir esa idea, que puede ser una gran idea o una que no lo sea. Y después, a veces la retomo. Otras no entiendo que escribí. Pero muchas veces lo toco en el stick, y empiezo a escribir. Eso es lo que comúnmente me sucede.
Sólo algunas veces pasa que las ideas aparezcan cuando tengo el instrumento en la mano. Generalmente todo se gesta en mi imaginación. Eso para mí es mejor. Un riff que descubrís tocando, te puede servir para una parte de una canción, pero la idea completa, yo necesito tenerla primero en mi cabeza. Ahí aparecen las influencias de lo que escucho, de lo que veo.
¿Cuáles fueron las influencias que tuviste, en el caso de estos trabajos con Stick Men?
Para el álbum, tomé como punto de partida a Igor Stravisnky. No para tocar su música, sino para tomar sus cuestiones armónicas. No es que yo fuera a escribir como él. De lo que se trata es de buscar elementos que disparen la inspiración.
Y esta vez, recurrí a Dmitri Shostakovich, de quien soy fan desde muy pequeño, cuando tocaba música clásica. Propuse que estudiáramos su quinta sinfonía. Trabajamos mucho. Como antes, no con la idea de poner esa música en un formato orquestal, sino más bien de meter esas ideas en nuestras cabezas, de modo de romper con la estructura clásica del rock.
En “Soup” incluiste la suite “El pájaro de fuego”, de Stravinsky. ¿Qué es lo que te ofrece la música clásica, como para tomarte el trabajo de sacarla de su formato original y llevarla al rock?
No es algo fácil de explicar. Desde mi lugar de músico, puedo acceder a ciertos grados de inspiración que me impulsan a tomar lo que necesito, para crear. En un punto, todo lo que hay alrededor, para mí es música. Pero no puedo explicarlo con palabras.
Por otro lado, Peter Gabriel acaba de llevar sus canciones, más rockeras o más pop, al formato de la orquesta sinfónica. ¿Qué opinión te merece?
El de Peter es un trabajo muy especial. Yo no tuve la oportunidad de hablar con él acerca de lo que el pensó en el momento de poner en marcha el proyecto, pero creo que es una muy buena idea buscar nuevas texturas para sus canciones. Es algo que él, que hizo muchísimas cosas en la música, nunca había hecho. Y me parece que está muy bien, porque su música es muy buena, y bien puede ser llevada a otros terrenos.
En mi caso es distinto. En la música clásica, yo busco otra potencia, alternativas armónicas. Porque en la guitarra vos podés tratar de tocar diferentes cosas, pero después de algunos años, tendés a tocar siempre lo mismo. Y encontrar nuevos acordes, nuevas ideas, se vuelve cada vez más difícil.
A partir de lo que contás, que supone una gran libertad creativa, ¿cómo es la experiencia de tocar en proyectos de otros artistas, algo que hacés con enorme frecuencia?
En ese caso, la situación es totalmente distinta. Durante casi toda mi vida yo he sido bajista. Y me encanta serlo. Me gusta mantener el bajo perfil del músico que cumple la función del bajista, que no quiere decir tocar bajo. Pero, si yo tengo nuevas objetivos para cumplir en la música, eso es algo que debo hacer en mis próximos discos, porque no es algo que pertenezca a ese lugar del bajista que acompaña. Para eso escribo mi propia música. Entonces, es muy simple. Cuando alguien quiere que toque en su disco, cuando entro al estudio pido escuchar la canción que vamos a grabar. Seguramente, en la superficie, todos escuchamos lo mismo, pero en mi interior, yo trato de incorporar esa información de manera de sentir que es lo que esa canción pide de un bajista.
En ese momento, no pienso en los términos en los que lo hago en King Crimson, o cuando estoy haciendo mí música, en la que trato de sumar nuevas ideas. En este caso trato de escuchar las letras, ver de qué se trata la canción. Como yo toqué el bajo durante tanto tiempo, para mí es muy natural pensar en función del instrumento, así que, una vez que escucho la música, todo lo que ocurra en mi imaginación estará destinado a hacer que la canción suene mejor. Está claro que jamás intentaré tocar la misma melodía que está haciendo el cantante, porque no tendría sentido. Después, algunas veces la cosa funciona a la perfección, algunas otras no resulta tan fácil. O lo que elijo tocar no coincide con la idea que tenía el cantante de lo que tenía que sonar. Pero haber tocado el bajo tanto tiempo me facilita bastante el tema.
¿Cómo elegís los artistas con los que colaborás?
En principio, que haga colaboraciones o no, depende mucho de la cantidad de trabajo. Afortunadamente hace tiempo que estoy muy ocupado, así que sólo acepto alguna propuesta cuando sé que tendré al menos unas semanas libres. Si sólo regreso a mi casa por unos días, prefiero no hacerlo.
Después, hay gente del mundo de la música a la que ya conozco. Si Fernando Samalea y Fernando Kabusacki, con quienes he grabado en varios discos, me proponen hacer algo, no necesito escuchar nada, porque ya sé quiénes son y lo que hacen. En caso de que no sea así, pido escuchar el material sobre el que hay que trabajar, o eventualmente algo que ya haya hecho el artista. En realidad, la tecnología facilitó mucho este proceso. A mí, My Space no me gusta demasiado, pero te permite escuchar la música de una infinidad de artistas.
Con esa herramienta, para mí alcanzan unos segundos para determinar si lo que escucho me gusta o no. Si me va a gustar o no tocar en tal o cual canción o con tal o cual artista. A veces, desafortunadamente, tengo que decir que no quiero hacer algo. Y puedo dar cien razones para justificar la decisión.
A esta altura, no quiero involucrarme en algo que no me atraiga realmente. Yo hice muchas grabaciones para músicas que no me resultaban atractivas, y fue muy difícil. Porque a mí me resulta muy difícil encontrar algo que me inspire un aporte especial y único cuando quien escribe la música no está buscando eso. Yo ya hice eso en algún momento de mi vida, pero ya no. Hay mucha gente alrededor del mundo haciendo cosas realmente valiosas, a las que podés acceder por Internet. Y eso es lo que a mí me interesa.
También es cierto que la tecnología ha facilitado acceder a la grabación de un CD. En ese sentido, da la sensación de que cualquiera graba, y que es más difícil encontrar artistas que maduren una identidad propia, como sí sucedía en otros tiempos, en los que las bandas, los cantantes, los músicos, eran más fáciles de identificar, por su estilo propio. ¿No creés que con los músicos de tu generación se está terminando esa era?
Estoy de acuerdo con lo que decís, pero hay que tener en cuenta que permanentemente hay períodos que finalizan y dan lugar a otros que nacen. Yo ya tengo bastantes años, y basta pensar en el cambio enorme que significó la aparición del CD, o de nuevos instrumentos.
No obstante, más allá de todo, yo tengo una regla para mí, que es la de no permitirme caer en la trampa de pensar que la música de antes fue mejor que la de ahora. A veces, lo pienso por unos segundos, pero enseguida me fuerzo a pensar que es imposible que sea así. Enseguida pienso que ahora que tengo 60, no tengo la mente lo suficientemente abierta, como cuando tenía 16, aún siendo yo mismo. Y pienso que a medida que crecemos, el cuerpo, la mente, todo se va como entumeciendo. Y me doy cuenta de que ahora tengo que trabajar más conmigo mismo para ser más flexible, más abierto. Y cuando lo logro, cuando logro superar esa dificultad para escuchar, encuentro que esta nueva era también está generando cosas buenas.
También hay que tener en cuenta es que el negocio de la música cambió mucho. Antes, era tan caro hacer un disco, que los que accedían era porque tenían, de algún modo, cierto éxito garantizado. Estoy hablando de que en los ’60 o los ’70, necesitabas unos 50 mil dólares para hacer un disco barato. Ahora lo podés hacer por nada, y a través de Internet podés lograr un buen nivel de ventas. Esto hizo también que los músicos cambiemos nuestra manera de ver el tema. Para un chico jovencito, ya no existe la idea del sueño de llegar a grabar, algún día. Ahora ese sueño se hace realidad muy rápidamente. Y, en algún punto, para mí es mejor como funciona ahora. Hay mucha más gente haciendo música.
Como contrapartida, quizá en otro tiempo, cuando había 40 o 50 bandas o músicos que sonaban, uno realmente se enamoraba de artistas como Jimi Hendrix o Eric Clapton. Llegar a ser un artista especial, entonces, suponía un nivel más elevado que actualmente, y la gente los conocía y reconocía de un modo especial. Eso ahora es mucho más difícil, por la cantidad de músicos que hay sonando en todo el mundo.
Recién decías que no te gusta My Space, pero fue a través del sitio que, como seguramente le ha pasado a mucha gente, yo pude descubrir lo que acaban de hacer con L’Image, la banda que formabas con Steve Gadd y Mike Manieri, en los ’70. ¿Por qué se decidieron a grabar ahora, tantos años después de haber pasado por esa experiencia?
Te cuento cómo fue la historia. Se trata de viejos y muy buenos amigos. Especialmente Steve Gadd, con quien fuimos juntos a la escuela, y con quien formamos White Elefant, a fines de los ’70. Por aquellos años hicimos algunas cosas interesantes en estudio, pero cuando decidimos convertirnos en una banda de escenario, y fuimos a Woodstock, la cosa no funcionó. Así que, 4o años después, Mike Mainieri, que era el líder de la banda, me llamó y me preguntó si tenía ganas de, finalmente, hacer aquel disco que quedó postergado. Y dije que sí.
Lo difícil era encontrar el tiempo para hacerlo. Todos somos músicos relativamente exitosos, especialmente Steve, que está de gira con Eric Clapton, Paul Simon, James Taylor. Así que tuvimos que coordinar con bastante precisión los tiempos. Todos son grandes músicos, y grandes amigos, sin duda. Pero para mí, L’Image es una banda de jazz. Y a mí no me gusta tocar jazz. Lo hice durante un período bastante corto, pero no me resulta atractivo como el rock, aunque pueda tocarlo. Y rechacé varias propuestas. Lo que hizo la diferencia, en este caso, es son mis amigos, y hay una cuestión afectiva de por medio que hizo que pusiera lo mejor de mí para hacer el disco.
¿Y qué pasa con King Crimson? El año pasado, cuando estuviste aquí, dijiste que estabas esperando un llamado de Robert.
Y sigo esperando. Vino a ver el concierto de L’Image, en Londres, y me dijo que era grandioso. ‘Ok, es grandioso’, le dije. ‘Pero, ¿qué pasa con King Crimson?’, le pregunté. Y no tuve respuesta. No creo que haya nada en lo inmediato. Yo deseo que algo suceda. Pero se trata sólo de mis deseos. Pero no escuché nada sobre el tema.
Sin embargo, estás incluido en un proyecto que se llama “Three of a Perferct Pair Camp”. Una especie de campamento musical. ¿De qué se trata? ¿Van a dormir en carpas y hacer fogones?
Jaja, no. Yo tengo mi casita rodante. En verdad, es algo que estamos por hacer con Adrian Belew y Pat, que creo que no se hizo nunca en Norteamérica. Le llamamos campamento, pero es un resort, cerca de un bosque, al que podrán venir fans, y músicos, para tomar lecciones, pasar el día, juntos, y terminarlo con un concierto. Es una iniciativa que también la van a llevar a cabo con Dweezil Zappa, con Todd Rundgrent, y en este caso Pat, Adrian y yo vamos a pasar unos cuantos días con la gente.
Y no sería raro que eso dispare una pequeña gira de los tres haciendo temas de King Crimson. Algo habíamos hablado del tema, y cuando nos propusieron lo del campamento dijimos que sí. Y ahora empezaron a promocionarlo. Va a estar bueno. Lo que no sabemos aún es qué vamos a hacer, porque no tenemos idea de si va a haber bateristas, stickistas, guitarristas o qué.
O fans que quieran charlar con ustedes.
Sí, pero creo que el acento estará puesto en la música. Probablemente por la mañana hagamos algo de la música de Crimson los tres, y hablemos del tema con la gente, y después, por la tarde hagamos clases individuales, y después cenemos y hagamos una jam. En realidad, no me gustan las jams, pero amo compartir sesiones de improvisación. Y que hablemos con la gente sobre la manera de improvisar. Y también contemos historias, anécdotas que los tres tenemos del tiempo que pasamos con la banda. Nuestro viaje a la Argentina, o a otras partes del mundo.
Dijiste que no te gustan las jams, pero la diferenciaste de las sesiones de improvisación. ¿Cuál es la diferencia?
Yo entiendo la improvisación como algo que podés compartir con muy buenos músicos, donde no hay reglas, dónde sólo se trata de escuchar, y tocar. Eso es lo que yo llamo improvisación. Lo hicimos con King Crimson, y recientemente lo hice con Terry Bozzio y Alan Holdsworth, con quienes hicimos dos giras en un año, sólo haciendo improvisaciones.
Al público eso a veces le gusta y otras veces, cuando prefiere escuchar algo conocido, no. Especialmente en lo que hacemos con Bozzio y Holdsworth. Lo que está claro es que para improvisar bien, es necesario que haya buenos músicos, que sepan escuchar bien. Porque no se trata de hacer solos sobre una base.
En la jam, en cambio, entre varios músicos que tocan juntos, alguno de ellos inicia un groove, puede ser un acorde, o dos o tres, como en el blues. Y ahí el guitarrista suele tocar un laaaaaaaaaaaaaargo solo, y los demás acompañan.
Es muy diferente de cómo improvisábamos en KC, donde a lo mejor hay temas que tienen apenas una breve parte escrita, y todo lo demás es pura improvisación. Algo que es realmente difícil de hacer, sobre todo cuando hay un público que está esperando que algo especial suceda.
Lo fantástico es que yendo por caminos absolutamente separados llegan al mismo punto.
Es verdad. De todos modos, la improvisación pura, sin nada planeado, es un poco peligrosa. El riesgo radica en que de todo eso que está pasando no surja nada especial. En ese caso, así como nació, muere. Y se trata de seguir adelante, porque justamente por ese riesgo que supone es que también surgen cosas especiales. Y en eso es fundamental una buena interacción entre los músicos. Si eso pasa, y sos afortunado, y algo especial sucede, suele ser muy especial. Y resulta mucho más interesante que tocar una canción que ya conocés. Porque es algo que está naciendo en ese momento, y que muere esa misma noche. Y quienes estuvieron allí, se lo llevan a sus casas, se lo llevan consigo, y nadie más lo tiene. Eso es grandioso.