Tengo lupas como ojos Integra el elenco de ¿Cuál es su gracia?, uno de los shows de stand up con más permanencia en el Paseo La Plaza. Además, es guionista y prepara su primer CD.
La camarera saluda en la entrada del bar y se esfuma, fantasmagórica. Diez minutos, treinta, sesenta. La chica vuelve y Andrés Ini, impasible, y con una sonrisa enmarcada por sus rulos, la saluda: “¡Holaaaaa! ¡Tanto tiempo!”. Ella lo mira y no sabe si disculparse o reírse porque la respuesta es tan ácida, espontánea y precisa, como simpática. La elección es una carcajada. Años sobre las tablas del stand up permiten robar esas muecas sin esfuerzo.
La mamá de Andrés, psicoanalista, abrió el juego cuando él tenía 9 años. “Siempre fui hiperkinético -cuenta-, me mandaban a doble escolaridad porque si no, rompía cosas. Un día tiré siete huevos en el techo de la cocina, mi vieja llegó, vio las yemas chorreando del techo y ahí dijo: ‘Te pongo un profesor de guitarra’. No porque quisiera que fuera músico, quería que yo no rompiera, literalmente, los huevos”.
Para ser fieles a la verdad, ése no fue el principio de lo que hoy es una carrera que combina stand up, canto y trabajo de guionista. “Lo primero que empecé a hacer en mi vida fue escribir -recuerda-. A los 8 años descubrí el poder de la palabra por unas cartas que le escribí a una compañerita del colegio. Logré que en el semáforo, en lugar de verde -beso en la mano-, me tocara amarillo -beso en la mejilla-”.
Al incipiente y tímido manejo de la palabra y del instrumento musical, se sumó la voz. “Con el tiempo -asegura- me di cuenta de que tenía buena voz y que en los fogones no iba a pasar inadvertido. Noté que, en los campings, iba a tener un escenario en llamas y empecé a estudiar canto”.
Respuesta, chiste, remate. Andrés tiene la naturalidad del oficio a flor de piel. Confiesa que con frecuencia le dicen: “¿Me estás hablando en serio?”. “Y, la verdad, a mí un poco me incomoda -explica-, porque mi forma de hablar es así. ¡Pero siempre hablo en serio! Las veces que quise hacer terapia, los psicólogos creían que les estaba haciendo un monólogo”.
Guitarra, escritura, canto. Lo que Andrés quería desde chico, después de todo, era comunicar. Es decir, poner en común. Y expresarse, es decir, sacar presión del cuerpo. “Una de las cosas más difíciles -arriesga- es saber quién uno es y qué uno quiere, porque ahí entran en juego un montón de cosas: si lo que yo quiero me va a ser redituable o si me conviene hacer primero algo redituable y después hacer lo que yo quiero. Cuando terminé la secundaria, un colegio técnico, elegí estudiar Ciencias Económicas pensando en el futuro, elegí estudiar música pensando en el presente y elegí estudiar Ciencias de la Comunicación en la UBA no pensando. Y me recibí en Comunicación, aunque paralelamente seguí formándome en canto y música”.
¿Y teatro? También. Una veta que inició a los once años en un taller optativo del colegio dictado por María Onetto, que continuó en el teatro San Martín, en el Centro Cultural Recoleta, más tarde con Luis Miguel Arenillas, y que hoy perfecciona con Raúl Serrano.
En 2002, Andrés fue al Paseo La Plaza y dijo que quería hacer un show: “Hacía canciones de amor de esas para cortarse las venas, que son las que compongo porque me gustan y me descargan, y entre tema y tema, les ponía humor. Un tema y un monólogo. Era como el suero que estabilizaba al público”. Fue en 2005 cuando una amiga lo llevó a ver una obra de stand up. “No lo podía creer. Me dije: ‘Este es el tipo de humor que me gusta y de ignorante no lo conocía’”.
Ese día, Andrés llegó a su casa, y empezó otra historia: “Abrí un archivo en la computadora que aún tengo y que se titula ‘Acordate de hacer stand up.doc’. Grababa notas en mi celular o en un papelito y cuando llegaba a casa las pasaba a la computadora. Estuve así un año, hasta que hice mi primer show. Hoy ese archivo tiene 612 páginas. Sombreo con distintos colores lo que escribo. Amarillo, está bueno; verde, más o menos; celeste, lo mando al blog”.
Su primer espectáculo fue en 2006. Más tarde, hizo un casting con público. “Estaba tan, pero tan nervioso, que me paré frente a la gente y dije: ‘Hola’. Me salió un sonido agudísimo, tipo gallo. Las personas estallaron”. Ese fue el preludio de otra prueba, en 2007, en The Cavern (la mítica sala de stand up del Paseo La Plaza), donde integró Alto Stand Up y, desde 2008, ¿Cuál es su gracia?, uno de los shows del género con más permanencia en cartelera.
“Tenés que ser muy observador para hacer stand up y tenés que poder identificar a la gente con lo que contás. Creo un personaje basado en mí: soy yo, pero exagerado. Si yo soy paranoico, soy más paranoico; si soy fóbico, soy más fóbico. Agrando lo que siento. Es como si tuviera lupas como ojos”.
En 2008, Andrés se unió al equipo de guionistas de Gran Cuñado, de ShowMatch, coordinado por Pablo San Martín. Y más tarde fue guionista del segmento de humor de Este es el show. Ahora sigue con ¿Cuál es su gracia?, con shows de canto y humor en eventos privados, y se anima a grabar su primer disco en un año que parece tener los mejores augurios para la familia Ini. Su hermano, Pablo, es actor y director de El regalo de mamá en el teatro Cervantes y director de casting en Dictablanda, el filme de John Cusack.
“En los espectáculos meto muchos chistes con lenguaje académico. Si la carrera no me daba plata de otra manera, al menos así me pagan con risas”, confiesa Ini.
¿Y es poco?
Cuando el público se ríe, escucho una melodía que disfruto. La risa tiene cadencia, ritmo. Digo: ‘Qué linda música’. Es como el sonido del mar. Viene la ola, viene la ola… y estalla. ¿Si es poco? No… la risa es la mejor paga.