Crítica. Evolutivos. El octavo CD de P J Harvey y el cuarto de Avril Lavigne.
Nada más que una pila de huesos/ El color de la tierra ese día/ Era apagado y de un rojo amarronado/ “El color de la sangre”, dije.
Let England Shake , octavo disco de P J Harvey, es un álbum conceptual sobre las consecuencias inhumanas de la guerra y la relación amor-odio con la tierra de uno, más si está filtrada por el nacionalismo. Al contrario de su último CD, White Chalk (07), aquí no es el piano el instrumento líder, sino otra vez, la guitarra. Lo más sorprendente es cómo la inglesa extrema sus posibilidades vocales: puede unir a Yoko Ono con Elizabeth Fraser (Cocteau Twins) en The Glorious Land , o tocar los agudos de aquella Kate Bush y la joven Joanna Newsom en On Batthleship Hill . Lo importante en esta obra es acercarse a cierto expresionismo (ella misma aporta a la tapa dibujos en este estilo) vocal que pintan mejor esas imágenes de tierras baldías post-bélicas: de la escena de las esposas saludando a sus soldados a la comprobación de que “Algunos de nosotros retornaron/ Otros, no”. Un desarrollo detallado de lo que Spinetta sintetizó en su Corto de 1973: una cuna rota en un estanque tras la bomba.
Hanging in the Wire suena a un U2 de cámara, Coldplay también, sí, pero aquí lo épico se mantiene en una meseta de duelo, sin llegar a la orquestación imponente de unos Arcade Fire. Si una crítica podría ser que la experiencia de la guerra parece más leída -como aprendida de viñetas y relatos de la “Vieja Inglaterra”- que experimentada en carne propia, la fuerza emocional del disco radica en que su moraleja no puede dar con ninguna redención. Y las conclusiones son antropológicas: “Otro verano ha pasado/ Y ningún hombre/ Y ninguna mujer ha revelado/ Los secretos de este mundo”.