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Cómo evitar el golpe de calor
En estos, los días más calurosos del año, nunca es redundante insistir sobre la necesidad de tomar agua permanentemente. El agua es fundamental, entre otras cosas, para que en el organismo funcionen los mecanismos que mantienen la temperatura regulada, siempre próxima y por debajo de los 37° C.
Por eso la deshidratación con temperaturas ambiente tan altas conlleva un riesgo mayor, que es el del golpe de calor: es lo que puede producirse cuando la autorregulación de la temperatura corporal se desajusta por completo y esta trepa por encima de los 40° C. Esta condición requiere atención médica urgente.
Por eso la cuestión parecería agravarse cuando, además, se lo confunde con una insolación o con cuadros menores, como el agotamiento por calor. "El golpe de calor no es lo que popularmente se cree", indica al respecto el doctor Rafael Zamora, médico clínico del Hospital José de San Martín y docente de la VI Cátedra de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
"Lo que falla en el golpe de calor es el hipotálamo, que es el centro cerebral que regula la temperatura –explica–, y a causa de esta falla hay muchos órganos que se comprometen, especialmente en el sistema nervioso."
A través de los mediadores químicos se desencadena luego un proceso que compromete a otros órganos: trastornos en la coagulación, problemas en los riñones o aumento de la permeabilidad del intestino a sus propias bacterias, con lo que aumenta la posibilidad de infecciones sistémicas.
Por eso el golpe de calor puede llevar a la persona a un estado de coma, convulsiones, e incluso puede ser fatal, "en un porcentaje que varía según de donde vengan las estadísticas, entre un 20 y un 50% de los casos", advierte Zamora.
Bebés y ancianos, los más vulnerables
Transpirar es una forma natural de disipar los excesos de temperatura corporal. Pero esta capacidad no es ilimitada, porque a través del sudor una persona puede eliminar hasta dos litros de líquido por hora, junto con sales –electrolitos– que también son esenciales para los procesos vitales, como el sodio o el potasio.
De por sí, el porcentaje de agua corporal va disminuyendo con la edad, de modo que los adultos mayores son –junto con los bebés que no pueden hidratarse y buscar lugares frescos por sí mismos sin ayuda de otro– una población verdaderamente en riesgo para la deshidratación. Y además son más lábiles ante las posibles injurias que puede provocar el golpe de calor en diversos órganos, dependiendo de su estado general de salud, aclara el médico y docente universitario.
El doctor Isidoro Fainstein, médico geriatra que preside la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría, señala que el organismo de las personas mayores "tiene un muy mal manejo del agua, y además existe un umbral de la sed mayor que en los más jóvenes".
Es decir que no suelen experimentar sed, por lo que deben beber agua –"entre un litro y medio y dos litros por día, además de caldos y otras bebidas", aconseja Fainstein– aunque no tengan sed.
El organismo produce calor por medio del metabolismo, y además recibe más calor del ambiente. De modo que una combinación entre, por ejemplo, ejercicio aeróbico al sol y una temperatura ambiente de más de 37°C resultará un cóctel explosivo para cualquiera. Pero para las personas mayores, hasta permanecer encerrado en una habitación sin ventilación se puede tornar peligroso.
El agotamiento por calor
También es consecuencia de un desajuste del mecanismo de autorregulación, aunque es un problema de envergadura clínica bastante menor. El agotamiento por calor se caracteriza por una sudoración excesiva, piel pálida y más fría que el ambiente, sensaciones de calor sofocante, sed intensa y sequedad en la boca, debilidad y calambres musculares.
A ese agotamiento general se puede agregar dolor de estómago, náuseas y dolor de cabeza. La persona incluso se puede marear y desmayarse. Información de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) agrega que en los bebés afectados por el calor puede verse la piel muy irritada por el sudor en el cuello, el pecho, las axilas, los pliegues del codo y la zona del pañal.
Lo que se aconseja es dar de beber enseguida abundante agua fresca, de ser posible con media cucharadita de sal por litro para recuperar electrolitos. La persona debe ser trasladada a un lugar fresco y ventilado, donde conviene que sea desvestido y se le moje todo el cuerpo.
En cuanto a la relación de este tipo de afecciones con la dieta, Zamora sostiene que no es mucha, aunque "los alimentos frescos y con un importante contenido de agua pueden ayudar, aunque los elementos clave son la hidratación y la exposición al calor".
La lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida protege al bebé, también, del riesgo de deshidratación, por lo que la recomendación de la SAP es que las madres ofrezcan el pecho más seguido a sus bebés los días de mucho calor.
"Estamos viviendo una etapa de cambio climático en el planeta que, sumada al crecimiento del promedio de edad, sobre todo en los países del Tercer Mundo, hará que este sea un tema que probablemente tenga cada vez mayor impacto", asegura el doctor Zamora.
Mientras tanto, no está de más, a cualquier edad, evitar el sol en los horarios pico, los esfuerzos físicos muy exigentes en los días de más calor, usar ropa de colores claros y, como sí dice la recomendación popular, andar por la sombra.
Marcelo Rodríguez
Fuente
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